Según Wikipedia, el Teletón en México es un evento inspirado en el Teletón de Chile, que naciera en ese país en 1978 y que se practica hoy en muchos países de América Latina y aún en Estados Unidos.

En México el Teletón nació en 1997 a iniciativa de su presidente y asociado de Televisa, Fernando Landeros Verdugo, quien hizo estudios de posgrado en Chile y seguramente ahí abrevó la inspiración. A través de una transmisión de televisión y radio de más de casi dos días con este esfuerzo se recauda dinero para ayudar a la creación de Centros de Rehabilitación Infantil Teletón (CRIT) para niños con diferentes discapacidades.


En nuestro país la transmisión de Teletón es patrocinada y promovida por Televisa junto con más de 600 medios mexicanos y extranjeros, así como por cientos de firmas comerciales. La misión establecida para el Teletón es “proveer conocimientos sobre las discapacidades físicas, dando un fuerte mensaje sobre el respeto, la igualdad y el apoyo a la gente en estas condiciones”.

Si bien este ejercicio de altruismo no es creación exclusiva de la televisora, ya que desde su nacimiento lo patrocinan un importante número de medios de comunicación y empresas que se dedican principalmente a la fabricación y comercialización de bienes de consumo, y recibe aportaciones de decenas de miles de ciudadanos a través de números de cuenta bancarios, presumiblemente a nombre de la Fundación Teletón, es identificado por buena parte de la opinión pública como una iniciativa de ese monopolio de la comunicación electrónica. Los más suspicaces piensan que tanto las aportaciones de las empresas patrocinadoras como las de los ciudadanos de a pie, que se hacen por conducto de las primeras, sirven para que éstas se curen en salud y recuperen vía la deducibilidad de las aportaciones que hacen en su nombre una parte de los impuestos que pagan sobre sus utilidades.

Mucho se comenta que el Teletón, como otros programas de aportación de donativos económicos en los que participan miles de ciudadanos y que son convocados por las grandes empresas y los bancos mexicanos, constituyen mecanismos para recuperar el pago de impuestos a las ganancias. Que éstos sólo benefician a los convocantes, ya que mientras los ciudadanos que hacen aportaciones no reciben un recibo de deducibilidad, y sí en cambio los primeros lo reclaman a su favor.

Muchos analistas señalan que la función que ha venido desempeñando la Fundación Teletón durante 15 años la debiera desempeñar el Estado, y que para financiarla sólo habría bastado con el cobro de los impuestos que se les han deducido a sus patrocinadores durante estos años. Tal vez esa aseveración resulte verdadera. Pero lo que es cierto es que sería mucho más sano y transparente que obras de beneficio y apoyo a los cientos de miles de niños y jóvenes como las que se han logrado a través de los Centros de Rehabilitación Integral de Teletón los financiara y operara el Estado; al final ésa es una de sus obligaciones y es también uno de los derechos fundamentales de todo ser humano establecidos en la Constitución: el derecho a la salud.

Sin embargo, surge de inmediato la interrogante de si es ésa una de las responsabilidades del Estado ¿por qué no la ha cumplido?, y ¿por qué la tienen que desarrollar organizaciones de la sociedad civil? La respuesta tristemente no es difícil de encontrar: porque tristemente ésa no ha sido una prioridad para el Estado mexicano.

Sin embargo, la omisión en el cumplimiento de las obligaciones, ya sea por ignorancia o falta de capacidad, no es de ninguna manera causa que la justifique. Y en ese sentido, el que el Estado asuma es tipo de obligaciones debe ser una exigencia de sus ciudadanos.

Paralelamente, debe recibirse con beneplácito por la sociedad la prestación de los servicios que la Fundación Teletón otorga a la ciudadanía, sobre todo la que los necesita, máxime que si ese esfuerzo de beneficencia no se hubiera constituido, casi seguramente todos aquellos que han resultado sus beneficiarios seguirían en el abandono.

Lo que no se vale es que haciendo uso de una función social supuestamente solidaria y desinteresada los patrocinadores de ese esfuerzo pretendan sacar raja en su favor vía la recuperación de impuestos pagados contra utilidades y de otra serie de mecanismos de excepción de los que no goza la población en general.

Tampoco se vale que el ciudadano común, que hace aportaciones de buena fe a partir de convocatorias como la de Fundación Teletón, las de los bancos, a través de los cajeros electrónicos, con su programa Bécalos, o las de los “redondeos” a través de las tiendas de autoservicio no reciba un reconocimiento del Estado o de la sociedad, ya sea a través de un incentivo equivalente al que obtienen las grandes empresas que se asumen como hermanas de la caridad o de alguna otra naturaleza.

Son estas deformaciones de un sistema de gobierno que ha estado al servicio de los intereses de los grupos de poder económico y no de la mayor parte de la sociedad las que hay que corregir para superar la crisis estructural que vive  México hoy. Como que ya va siendo la hora, ¿no cree usted, amigo lector?