A quince días de iniciada esta administración y administrando la euforia del ascenso y llegada al Supremo Poder, la actual administración está empezando a enfrentar los retos, los verdaderos retos y significativos problemas que, estructuralmente, afectan realmente a la sociedad.
Todo lo anterior, el Pacto por México y la reforma educativa se definirán cuando aterricen en la cuestión de los dineros para atender todo lo que propone el primero y en los grupos magisteriales nacionales y estatales, la segunda, los sindicatos de los trabajadores del sistema educativo y los dineros que significa cada uno de sus programas y proyectos educativos, así como la reacción de la alta burocracia y de las estructuras administrativas con el recorte salarial-ingreso y con el llamado Programa de Austeridad
El primero de estos retos, el que realmente abre plaza después del paseíllo del matador y sus es el burel – o torito y eso dependerá del trasteo del matador, del picador, del banderillero – es el del acuerdo nacional sobre el salario mínimo.
En el pasado priísta que nadie quiere recordar, este torito se resolvía con capotazos y muletazos del pacto y así los PECE – pactos para estabilidad y crecimiento de la economía – fueron cosa de cada año y de casi todos los sexenios, partiendo desde Miguel de la Madrid.
En las administraciones azules-panistas, más neoliberales y más proempresariales que Carlos María Abascal, los acuerdos a que se llegaban nunca superaron el 4.5% anual, cantidad resultante del porcentaje anualizado de la inflación registrada en todo el presente año, que oficialmente, no fue mayor al 4.5% , por lo que se deduce que el aumento a acordarse entre los miembros de la Comisión Nacional de Salarios mínimos – organizaciones obreras – CTM, CROC, Congreso del Trabajo – y sindicatos independientes, si es que son invitadas -, empresariales, COPARMEX, CANACINTRA, CCE, etc., etc. -, no será mayor a esa cantidad, que significarán una cantidad no mayor a 3 pesos diarios, a la semana 18, acaso veinte pesos y al mes, setenta y cinco, ochenta pesos.
Estas administraciones proempresariales tienen todo el respaldo del árbitro – el Estado – que con la justificación de que debe conservarse el centro de trabajo, porque no se podría pagar lo que se debe, ni se quiere, ni lo justo, sino lo que se puede, pero también los otros dos miembros de la CNSM deben evaluar que el factor trabajo=trabajadores deben conservarse en pleno uso, capacidad y competencia de su vida productiva, vivir y disfrutar de la vida con su familia y no solamente trabajar para morir a tres cuatro años después de su jubilación.
Lamentablemente este punto de vista no está de moda y al Estado ya no le interesa la célula original de la sociedad: el hombre, la familia.
En el seno de la CNSM las posiciones están muy encontradas y no porque se vaya a realizar un aumento superior al 5%, sino por las centésimas y milésimas del incremento, que desde antes de su acuerdo, ya fue superado por el costo de la vida y la Canasta Básica, que ni fue canasta ni fue básica, existen.






















