Por considerarlo interesante, extraeré algunos segmentos de la colaboración de Ana María Salazar, publicada en EL FINANCIERO, en su edición del miércoles 09 del presente: NINI: NI OCUPA, NI IMPORTA.

¿A quién le importan los ninis? Después de los comentarios hechos por el director del Instituto Mexicano de la Juventud (Imjuve), José Manuel Romero Coello, parecería que a este gobierno tampoco le importa.

Pero me asusta pensar que el hecho de que México tiene 7 millones de ninis – jóvenes que ni estudian ni trabajan – y que en los últimos 10 años no se ha entendido que probablemente sea la amenaza más peligrosa al futuro de México.

Desde el 2004 empecé a escribir sobre esta generación de mexicanos, entre 14 y 29 años de edad, subrayando cómo la falta de políticas públicas los estaba convirtiendo en la “generación del genocidio”…El concepto de nini surge en el 2009, cuando el periódico español El País publicó en junio de ese año señalamientos de sociólogos de ese país que habían identificado una generación apática, desvitalizada, indolente, mecida en el conforte familiar, que los llamaron ninis, porque ni estudian ni trabajan…La situación ciertamente ha empeorado para los 7 millones de ninis del país, y gobiernos vienen y van y las políticas públicas no reflejan ni prioridad ni interés…Si además adicionamos que se cerró la gran válvula que era buscar trabajo en los Estados Unidos… Los últimos datos son contundentes en este aspecto: en el 2013 más de 350 mil personas fueron deportadas, la mayoría son mexicanos. Por primera vez en décadas se habla que el número de personas que se deportan y regresan por su propia cuenta, sobrepasa el número tratando de ingresar ilegalmente a ese país…hace algunos años entrevisté a Priscila Vera Hernández, la entonces directora general del Imjuve, sobre este tema, quien señaló que dos de cada diez jóvenes mexicanos ni estudian ni trabajan, exponiendo a esta generación a más probabilidades de vincularse a la violencia y a los grupos del crimen organizado. El 40% de estos jóvenes abandonan sus estudios por falta de posibilidades económicas y el 30% porque no le gusta o no encuentran un beneficio…Los que sí consiguen empleo, su permanencia laboral es corta, buscando cambiar constantemente de trabajo. Esta generación tiene absoluta desconfianza de las instituciones, ya sean políticas o empresariales…otra característica era que se rómpela comunicación con los padres debido a la brecha digital y la impersonalidad con que se relacionan por el internet…concuerdo con los c0mentarios de Romero Coello, de que el concepto nini se ha “estigmatizado” en el país, ya que de los más de 7 millones de chicos que se encuentran en esa clasificación 6.2 tienen una actividad no reconocida…Por más que quieran esconder la realidad de estos datos, ya sea porque sean mujeres que dejaron los estudios debido a que formaron una familia y se dedican al hogar, cuidan la casa y atienden a sus hijos, pero esto no significa que no estén en alguna actividad; otros están cuidando el negocio familiar, no están dados de alta en la nómina del negocio; unos más están al cuidado de los abuelos o algún familiar (enfermo), como dijo el director del Imjuve, el hecho sigue siendo lo mismo: Es una generación altamente vulnerable…el reto para nuestra generación es cómo comunicarnos con los ninis y buscar incorporarlos al ámbito laboral, Pero esto también implica que nos responsabilicemos por las reformas integrales educativas y laborales que requiere México…Pero las implicaciones de no tomar las medidas necesarias es básicamente condenarlos a una vida de violencia y delincuencia. Las generaciones anteriores tenemos que asumir nuestra responsabilidad de no haber hecho las reformas necesarias para asegurar a que nuestros hijos tuvieran las mismas, o mejores, oportunidades que tuvimos nosotros. Ellos tienen el derecho a aspirar a una mejor calidad de vida y no hemos creado un país que ofrezca esta realidad. Son la generación del genocidio y del olvido.