Continuando con los juegos políticos de Juan Pirulero, se desea entrar a la fase de desarme del juguete llamado auto defensas, mas en esta fase-parte del juego dramático, los actores no quieren seguir los pasos el guión que les asignaron, y aceptaron y afirman que no dejarán las armas – ni las entregarán – hasta que se haya hecho la depuración, limpia de delincuentes en el gobierno;
Las palabras de su vocero no dejan duda alguna y sostiene que hay más personas involucradas en el asunto de los Caballeros Templarios o de los llamados, ahora, H3, que sería la manifestación evolucionada de La Gran Familia y de los Caballeros Templarios.
Sin tener una claridad sobre su origen – de los autodefensas, pues nada surge espontáneamente y menos en cuestiones de financiamiento -, de ser genuinas, sería la respuesta de la misma comunidad ante la incompetencia, incapacidad u omisión y hasta complicidad de los órganos del gobierno para ofrecer-brindar seguridad a la sociedad -, las autodefensas sirvieron a los intereses del gobierno – ¿Federal? ¿Y estatal? – para enfrentar con un delgadísimo ropaje de legalidad o aceptación de la comunidad a la llamada delincuencia organizada, pues eran residentes del punto geográfico en crítica situación de seguridad social; así las cosas, se manejaron con la simpatía de la colectividad, ante el beneplácito de los órganos superiores responsables de la seguridad social.
Su avance en la geografía estatal y en el mapa de la delincuencia, por los hechos, por lo que se veía, fue una algarada y no una acción programada, militarmente planeada; parecía un juego infantil de policías y ladrones.
En este tipo de acciones y habiendo ya cubierto los puntos críticos – sin que con ellos la delincuencia organizada hubiera disminuido sensiblemente -: La Ruana, Tepalcatepec, Coalcomán, Apatzingán, Nueva Italia, los Reyes, Pátzcuaro, Tacámbaro, Tancítaro, por mencionar algunas cabeceras municipales y puntos geográficos del estado, las autoridades federales acantonadas en nuestro estado, anunciaron que procederán a desarmar a las autodefensas, pero éstas no lo aceptaron.
Y no lo aceptaron por varias razones; una de ellas, fue porque a los miembros de las autodefensas que desarmadas ¡fueron sujetos de detención y les tomaron declaraciones!…argumentando que deberían saber si no estaban implicados en algún delito; la respuesta del pueblo fue automática: sitiaron a los elementos de La Marina y los retuvieron hasta que soltaron a los detenidos. Al ser liberados, el pueblo se retiró pacíficamente.
Ahora bien, esta fase no será efectiva hasta que existan condiciones de normalidad en la convivencia social, pues si son desarmados en este momento, los colocan en completa indefensión. El Estado debe medir las circunstancias sociales del momento y actuar en esa dirección y en este momento, sea juego, juguete o arma, desarmar a estas fuerzas paramilitares o milicianas, no es prudente, para nadie.























