La primavera trajo el calorcito y con la luz llegó el llamado horario de verano, que, mecánicamente, consiste en adelantar una hora todos nuestros relojes y nuestras rutinas, pero que en la práctica conlleva una serie de cambio, desde los más sencillos de nuestra vida personal y familiar, hasta los más complicados y detallados que tiene que ver con el trabajo y con las actividades económicas de todas una sociedad, de todo un país.

Desde ayer lunes está la recomendación – orden perentoria – de cambiar nuestras rutinas mecánicas – los relojes – que modificarán nuestros ciclos-horarios biológicos y se deben cambiar porque usted, ser social, no puede andar atrasado con una hora, pues estará desfasado con el ritmo de todo el país.

Nuestro país ya tiene cerca de 20 años con esta disposición, que no es otra que vinculación laboral, económica y social con las rutinas y mecánicas de la sociedad y gobierno norteamericano, que por sus razones estratégicas negociaron con nuestro país para que se uniera a esa forma de vida de los norteamericanos, nuestros socios.

Dado que esta política pública de nuestro gobierno no sería – y no lo fue, muy del agrado de nosotros, el pueblo, el Estado, el gobierno de la República configuró una propaganda cuyo centro fue el ahorro de energía, considerando que habiendo más luz natural, todos podríamos y deberíamos ahorrar el consumo de energía en nuestros hogares y en nuestro trabajo. El otro pilar de esta acción fue el daño al medio ambiente.

Cada año, al término de este horario, siempre, invariablemente, habrá una información sobre el total de ahorros – para el Estado, pero no para nosotros – en el consumo de energía y se habla de miles de millones de pesos y de kilowatts no gastados, equivalentes al consumo estatal de los estados de la Federación más chicos. Igualmente, se habla de los contaminantes no enviados a la atmósfera pro no consumir diesel y otros combustibles.

Lo cierto es que esta medida no se refleja en los bolsillos de las familias mexicanas – por los ahorros en los consumos domésticos, ni en los ahorros por la disminución del costo de producción de energía eléctrica -, ni en la conservación del equilibrio y mejoramiento del Medio Ambiente.

En realidad, todo parece indicar que es una política pública de vinculación con los sistemas de producción de energía eléctrica y de seguridad – industrial y comercial – de los Estados Unidos y Canadá – para presentar un único frente por cuestiones de seguridad -, que una política pública nacionalista que beneficie a la sociedad mexicana.

Finalmente, este horario es para las nuevas generaciones, las que ya llevan 20 años organizados en una forma de vida por 6 meses y medio y reorganizándola por los restantes 5 meses y medio, pero no se tiene otra alternativa. No queda otra más que disfrutarlo.