Por considerarlo interesante y válido, transcribo fielmente colaboración de Juan Federico Arrriola, publicada por EL FINANCIERO,  en su edición del 20 del presente: Los seres humanos somos sumamente frágiles. La soberbia y la incosc3incia nos hacen pensar que somos indispensables, indestructibles e inmortales.

En el sexenio de Calderón fallecieron varios políticos de diversos signos partidistas o sin partido: ejecutados, accidentados o también de enfermedad.

Una realidad humana que Sócrates, cinco siglos antes de Jesucristo, hizo conscientes a los griegos y a los hombres y mujeres de la posteridad en que los seres humanos debemos prepararnos para la muerte, destino fatal e inevitable de todos y cada uno.

El poder a veces convierte a los seres humanos en criaturas insoportables, cuando el poder es como la vida misma: efímera.

Hay  políticos  en  el  mundo  tan  aferrados  al  poder  como  a la vida: Fidel Castro, Hugo Chávez. Ellos deben saber que no tienen dotes especiales, son tan mortales como todos los demás. Sin embargo, los adoradores de las dictaduras pretenden hacer inmortales a individuos de carne y hueso. Miguel de Unamuno, el gran pensador bilbaíno, reflexionó acerca de la condición humana, vio a los hombres de carne y hueso, habló sobre la muerte y al vio de cerca, él mismo murió en medio de una guerra que, como toda guerra, fue atroz.

Los poderosos no se creen frágiles, pero todos, absolutamente todos  han sido visitados por la muerte y su guadaña: Hitler, Stalin, Franco, Sadam Hussein, Idi Amín, Pol Pot, Pinochet, etcétera.

La fragilidad humana puede representarse  de muchas maneras, Bush júnior, aquel presidente criminal que tuvo Estados Unidos, casi murió atragantado por una galleta pretzel. En México, varios de los políticos potentados han declinado cuando una enfermedad terrible aparece, o cuando un aparato aéreo se desploma o lo tiran, etcétera.

Todos, incluso los narcotraficantes, los monopolistas, los empresarios más  encumbrados, los políticos adictos al poder como si fueran drogadictos, todos los gobernados, somos pasajeros en el planeta tierra.

Si los políticos mexicanos tuviesen patriotismo, como mucha gente en México tiene fe en la Virgen de Guadalupe, este país sería mucho mejor.

Sin embargo, la fragilidad mortal va acompañada en ocasiones con la prepotencia que da el poder que perjudica a otras personas en detrimento de sus derechos humanos.

Muchos hombres y mujeres que han alzado la voz contra la i8njusticia, la represión, la corrupción, la pobreza o la discriminación  han sido asesinados: Óscar Arnulfo Romero, Gandhi, Martin Luther King, Norman Corona, entre otros tantos. Pero ellos eran mortalmente superiores a sus homicidas, La prueba se reitera cuando invocamos a los grandes que aun muertos, son gratamente recordados.