De hecho el Instituto Federal Electoral ya casi termina de bajar la cortina, indicador de que llegó su fecha de muerte legal y ni un minuto más, ni un segundo menos, surgirá el Instituto Nacional de Elecciones, que, general y en específico, realizará las mismas funciones que el ya desaparecido instituto Federal Electoral.
Para bastantes investigadores, analistas y comentaristas políticos este cambio es, únicamente, cosmético, nominativo, de nombre y se queda toda la estructura administrativa y técnico-operativa. La pregunta natural surge así, simple: ¿Este cambio es para mejorar o para “despanizar”, ´para purgar del panismo al organismo, árbitro de las contiendas electorales?
El Instituto Federal Electoral se creó en 1990 y en casi 24 años transformó las prácticas políticas de nuestra sociedad y de nuestro país. A partir de 1994 introdujo el sistema de elecciones ciudadanas basada en la insaculación y capacitación de los ciudadanos. La reforma electoral de 1996 es la que más ha durado: Rigió las elecciones federales de 1997, 2000, 2003 y 2006 y la reforma de 2007 trató de responder a una demanda de acceso equilibrado en los medios de comunicación y la prohibición de compra de publicidad y propaganda en radio y televisión.
El Instituto Federal Electoral, construyó su edificio de certeza y confianza en la sociedad en los procesos electorales y se creyó en el valor del voto, en la legalidad, independencia, imparcialidad y objetividad, que fueron sus principios rectores.
Todo se empezó a desdibujar con la partidización de los ciudadanos consejeros y del consejero presidente y, casi para finalizar, finalmente, todo quedó en plena desconfianza con el resultado electoral del 2006 y el célebre fallo de Leonel Castillo, del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, que dividió al país.
Continuando con este alud que destruyó el poco valor de confiabilidad y confianza, los procesos legislativos, en el H. Congreso de la Unión, para acordar-designar “partidistamente”a los consejeros ciudadanos y a su presidente, fueron legales, pero no generaron confianza ni credibilidad de su imparcialidad.
Se confía que el naciente Instituto Nacional de Elecciones – INE – rescate lo mejor del ya desaparecido IFE, pues, como se ha dijo en varios espacios de la administración y de la política nacional: “EL PAÍS Y EL MOMENTO POLÍTICO, NO ESTÁ COMO PARA QUE EN MJATERIA ELECTORAL ANDEMOS EMPEZANDO DE CERO, COMO SE HIZO EN EL INSTITUTO FEDERAL ELECTORAL” Y QUE MEDIANTE ACCIONES Y DECISIONES RECONSTRUYA LA CONFIANZA Y CREDIBILIDAD PERDIDAS.
El problema a vencer no tiene, en este momento, solución: LA PARTIDIZACIÓN EN LA DESIGNACIÓN-NOMBRAMIENTO DE SUS CONSEJEROS CIUDADANOS, CIUDADANO PRESIDENTE Y EN SUS VOCALÍAS ESTATALES Y CONSEJOS CIUDADANOS ESTATALES. DISTRITALES Y MUNICIPALES.























