Estamos enfrascados en una guerra comercial y todo por la bendita decisión de las autoridades políticas que nos tienen en este mundo neoglobalizado – desde el sexenio desde el sexenio de Miguel de la Madrid Hurtado a la fecha, el inicio de la tecnocracia político administrativo al Supremo Poder –en donde el campo de batalla son los mercados, las armas, las leyes de la Oferta y la Demanda, y las bajas somos nosotros, los consumidores.
Uno de los primeros detonantes de esta vida de presiones y especulaciones mercantiles fue el azúcar y los primeros muertos fue la economía nacional, los precios controlados y la carestía; se llegó al acuerdo, pero la economía sufrió su primera gran derrota y se anunció la muerte del Estado como gran interventor en la vida económica del país y de la sociedad.
Una batalla silenciosa fue el Tratado de Libre Comercio de América del Norte que jamás estabilizó e igualó las economías entre los tres socios – Estados Unidos, Canadá y nosotros -; todo fue para las economías dominantes – las de los otros dos socios y nosotros quedamos como lo que somos o en lo que nos hemos transformado: productores de recursos naturales, maquiladores y mano de obra barata, barata. Con el TLC se inició la vigencia de una axioma económico del TLC, y de todas las economías globalizadas, -“ES MEJOR IMPORTAR UE PRODUCIR”.
Sí continuarán las guerritas económicas, de la harina, de las gramíneas, de las grasas, de los combustibles – aunque esté monopolizada su venta, tiene su guerrita; en los dos últimos años se tuvieron dos guerritas devastadoras, terriblemente devastadoras, la del huevo y la del pollo y triunfaron como era de esperarse, los intermediarios, importadores, y grandes comercializadores: el pollo y el huevo quedaron con precios prohibitivos: casi dos tercios más de su costo en 2011. Ahora, el huevo, dependiendo de la zona de compra, tiene precios mínimos de $ 26 pesos el kilo, aunque los grandes mayoristas lo ofrecen en precios por paquete de 12, 16, 18, 24 y hasta 36 piezas, a precios equivalentes a 28 pesos el kilo – aproximadamente 16 unidades, peso promedio 60-65 gramos pieza – El estado amago, con valores entendidos que autorizaría ampliación de cupos de importación, pero salió lo mismo, porque los vendedores de huevo en barrios y tiendas populares no puede importar. Los intermediarios e introductores y grandes consorcios comerciales, ganaron esa otra guerra.
La sociedad nacional está dentro de otra guerra con vencedor anunciado: la del limón, que dependiendo de dónde lo compre, se ofrece a 57 pesos el kilo y, nuevamente el Estado amenaza con autorizar ampliación de importaciones, pero saldrá lo mismo: los mismos que ganan siempre, ganarán esta guerra, porque los compradores no pueden importar.
Aquí lo importante es lo siguiente: Con la omisión, y hasta complicidad, del Estado, y utilizando cualquier pretexto, se terminó la época de los alimentos baratos, casi regalados, pero lo más grave es que el salario mexicano es rígido, inflexible y no se puede cambiar y cuando cambia es únicamente con el aumento de la inflación oficial y el trabajador no está en condiciones de actuar en favor de su salario y de sus beneficiarios. ¿Qué alimento seguirá?






















