Como el agua y el aceite, antagónicos en esencia, en el fondo, los partidos políticos nacionales Partido (de) Acción Nacional – PAN – y Partido de la Revolución Democrática enfrentan los procesos para la elección de sus dirigencias nacionales, el descrédito generado por el desgaste natural por ejercer el poder y el abuso del poder mismo, que los caracterizó en los tiempos – años – en los cuales fueron gobierno en los distintos estados de la nación y, particularmente el partido de acción nacional, durante los doce años que detentaron en Supremo Poder: el poder Ejecutivo de la Federación.
Finalmente, el partido de acción nacional ya definió los contendientes: Gustavo Madero y Ernesto Cordero y aunque tiene los formatos internos bien definidos para sus procesos internos de elección, que será por delegados, tomando en cuenta las formas que se utilizaron en la precampaña para eliminar a los aspirantes, entre ellos a Josefina Vázquez Mota, lo más seguro es que los lleve a una división interna muy difícil de superar, considerando que la elección federal está a la vuelta de la esquina y ya no tendrán tiempo suficiente para sanar, reconstruirse y aspirar a ganar o por lo menos para significar posibilidades de disputa y triunfo y si a lo anterior le sumamos el escándalo de Oceanografía – en el que están metidos los grupos que tuvieron el poder presidencial y sus amigos – se ignora cuánto, hasta dónde serán los daños; quiénes serán los damnificados y qué pasará con ellos y con el partido y si con todo y eso, serán opción confiable de gobierno.
Por el lado del partido de la revolución democrática, no están claras las posiciones, ni los contendientes; lo que sí está claro es que será una disputa terrible entre todas las fuerzas, corrientes y tribus – hasta le cerraron la puerta a su fundador y sedicente líder moral de ese partido, Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano -, más que perruna y se ignora quiénes quedarán de píe. El asunto se complica aun más con los escándalos que están saliendo, como el de la línea 1e del Metro, en donde están en juego miles de millones de pesos y se está mostrando o una red de complicidades y de omisiones o una total carencia de voluntad para gobernar con transparencia.
También es cierto, o muy probablemente cierto, que todos estos movimientos en el tablero político ante la opinión pública tenga una enorme razón suficiente: destruir al enemigo para que no represente riesgo electoral y de disputa del poder.























