El Estado mexicano está por entrar a un enorme problema diplomático internacional por las acciones de corrientes de diputados, particularmente perredistas, que en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal y de la Cámara de Diputados y en la Cámara de Senadores del H. Congreso de la Unión están actuando política y jurídicamente para alcanzar la legalización, inicialmente, médica, de la marihuana, teniendo como base toda la historia policiaca y financiera, así como el historial militar de lucha contra los narcotraficantes y los magros, o nulos, resultados.

Por lo pronto, en el H. Congreso de la Unión ya anunciaron la presentación de la iniciativa para legalizar – en nombre es regular – el uso terapéutico – y medicinal de esta hierba-narcótica.

La iniciativa perredista plantea otorgar facultades a las entidades federativas en materia de control sanitario del proceso de estupefacientes, así como permitir el cultivo de la mariguana para su posterior consumo con fines terapéuticos.

Lo cierto es que se meterá al Estado mexicano en un laberinto mayúsculo… ¡un berenjenal! Sucedería lo que está pasando en los Estados Unidos: varios estados de la Unión Americana permiten el cultivo, la comercialización y el uso con fines recreativos de la marihuana, pero, todo eso, en la Federación es un delito.

Curiosamente nuestro país tiene firmados varios tratados bilaterales e internacionales para combatir la siembra, consumo y traslado de la marihuana hacia el mercado más grande del mundo y muchos miles de millones de dólares – bien como ayuda, o como préstamos blandos – entran a nuestro país por respaldar esa política norteamericana…

Otro hecho curioso es que en forma creciente, en los Estados-naciones de Latinoamérica se están manifestando corrientes de opinión en el sentido de legalizar la marihuana, como ya lo hizo Uruguay y están pro discutirlo en Argentina y Paraguay; en todos los casos, los puntos base de las voces son la imposibilidad de la policía para ganar la batalla contra la siembra, la comercialización y el consumo de este narcótico y, el otro punto-eje – es la cantidad de ingresos que el fisco deja de ganar – vía impuestos y derechos – y los beneficios en la redistribución de los presupuestos al usar el destinado a l combate y lucha contra la siembra, comercialización, y consumo de este narcótico.

Algunas cosas son ciertas: la batalla es una batalla perdida, anunciada y el Estado está dejando ir a esos ingresos y sacrificando mucha sangre y elementos humanos en esta lucha perdida.