No es novedad, desde hace años, casi cualquier persona con cierta cultura ha percibido el progresivo cambio en la personalidad del señor López. De ser inicialmente alguien en apariencia normal, salvo por su insistencia en autoproclamarse “Honesto” y “Rayito de esperanza”, pasó a ser el Mesías tropical y abanderado de todos los odios, dueño de una encendida oratoria rupestre, violenta y vindicativa.

Fue  durante su desempeño con Jefe de Gobierno del DF  cuando la verdadera personalidad del señor López fue emergiendo, inicialmente fueron datos aislados; su ruda descalificación a la marcha contra la inseguridad, la evidente protección a su corrupto tesorero, Ponce, su renuencia para deslindarse de Bejarano. Progresivamente López perdía piso, se tornó mas intolerante, irritable,  insultaba a los medios que exhibían su incompetencia, fundamentalmente Reforma y La Crónica. Después sus odios migraron a Milenio y Televisa. Finalmente, durante la campaña del 2006, mareado por los aplausos de sus fanáticos, que no seguidores,  los ciudadanos tuvieron la oportunidad de ver su verdadera cara; la de un político de escasa cultura, con un discurso hecho de lugares comunes e insultos, intolerante e incapaz de reconocer errores. Afortunadamente para México, el pecado por antonomasia, la soberbia, lo perdió.

 

A partir de la noche en que perdió la elección presidencial, las evidencias de su personalidad brotaron como surtidor, el Mesías presentó, en todo su esplendor, un trastorno paranoide de la personalidad.

Ahora bien, ¿de qué estamos hablando cuando nos referimos a un “trastorno paranoide de la personalidad”? De entrada hay que aclarar algo, no es un enfermo psicótico, nada de eso, se trata de un trastorno que se caracteriza por un patrón de desconfianza y suspicacia general hacia las otras personas, de forma que todo lo que hacen éstas se interpreta como malicioso.

Existen siete criterios (DSM IV) que configuran la personalidad  paranoide:

1.- Sospecha, sin base suficiente, que los demás se van a aprovechar de el, le van a hacer daño o le van a engañar, por lo tanto son individuos tensos, hipervigilantes.

2.- Mantiene dudas no justificadas acerca de la lealtad o fidelidad de amigos, compañeros o socios.

3.- No confía en los demás, por temor injustificado a que la información que comparta vaya a ser utilizada en su contra.

4.- Aun en los hechos más irrelevantes ven significados ocultos, amenazas y conspiraciones. Tienen constantes delirios autorreferenciales.

5.- Albergan rencores por mucho tiempo.

6.- Percibe ataques a su persona que no son aparentes para los demás, reacciona con ira y contraataca. Invierten mucha energía buscando detalles de un complot en su contra.

7.-  Sospechan repetida e injustificadamente que su pareja le es infiel (pueden ser patológicamente celosos).

Se necesitan solo cuatro de estos criterios para establecer el diagnostico de “personalidad paranoide”.

¿Y cómo evolucionó el señor López? Para la campaña del 2012, compitiendo contra Peña y su mercadotecnia y contra la gris Josefina, no pudo repetir los números del 2006. Perdió de nueva cuenta y el berrinche fue igual. ¿Y cómo ha seguido? Los que lo conocen de cerca afirman que no escucha, descalifica; no razona, agrede; no  tiene propuestas novedosas solo un gastado discurso de lugares comunes. López Obrador miente, se enreda, repite hasta el cansancio el mismo discurso de lucha de clases, buenos contra malos, pobres contra ricos, su estrategia es enfrentar a sus vasallos en contra de quien no piense como él. Su palabra es dogma. “ÉL”, con mayúsculas, es el dueño de la verdad y está firmemente convencido de que su papel es el de un Salvador, por lo tanto, todo lo que haga, está justificado.

El señor  vive ya en una realidad alterna, un mundo  donde solo vale su opinión y sus ideas. Usó y desfondó al PRD, tirándolo como basura cuando ya no le fue útil. Funda con sus escuderos una patética y agresiva quimera llamada MORENA, estructura que gira alrededor de él y nada mas que de él.

Ahora tras el infarto, obligadamente deberá bajar su ritmo; es  portador de una coronariopatia,  se le ha puesto un stent, el cual funcionará solo algunos años,  y es de esperarse que el resto de sus coronarias están igual de dañadas por toda una vida de tensión, agravada con una hipertensión mal manejada. Sus acólitos y segundones ya intuyen que su Mesías tiene los días contados como político en activo y por lo tanto ha dejado de ser garantía de triunfos electorales.

Para bien o para mal, la carrera de AMLO esta llegando a su fin. Aún no, pero ya se ve la otra orilla.

Alejandro Vázquez Cárdenas

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