Este primer año de gobierno-administración de Enrique Peña Nieto fue destejado de diferentes formas, según el matiz de quienes desearon participar en el inicio del segundo año de la administración Federal.

Para la oposición real por sistema, al gobierno, no hubo nada qué festejar, salvo el crecimiento de los índices de inseguridad y el avisado madruguete para la reforma energética, el desempleo, la debilidad de la economía y la privatización de la educación pública, que en resumidas cuentas se sintetiza en que nada está bien; todo está mal.

Del otro lado de la balanza están quienes aseguran que exitosamente se está combatiendo la inseguridad, que la estrategia de muestra de fuerza-músculo y juego de vencidas contra la delincuencia está dando sus resultados y que en Michoacán, pro dar un nombre, el combate a la delincuencia está bajo control y que los grupos de autodefensa=autovigilantes ya no crecerán más ni se contaminarán más municipios, ni regiones; que una de las reglas de la democracia es la mayoría y con la mayoría de votos –integrado por loas  del PAN y los del OPRI, más los del PANAL  – se tiene para sacar las dos reformas que faltan y en estos días de la semana que se vive; no es necesario dar un madruguete: se tienen los votos necesarios, para una reforma energética necesaria; que las variables económicas como el desempleo, la debilidad de la economía, el bajo salario y la escasa debilidad de compra del salario se verán recuperadas con la nueva reforma energética. Eso…¡Seguro!

Las dos posiciones están muy marcadas.

Mas está otra opción: la realidad.

La realidad no miente: Y acudiendo a las palabras de Bill Clinton: es la economía…¡estúpido! Es la economía la que marca los derroteros.

¿Cómo se puede cambiar esta ruta, abandonar  este carril? Estimulando la creación de empleos…en la que ganen todos: trabajadores, patrones, sociedad y el Estado. Hasta el momento el Estado no tiene la capacidad de estimular, con la iniciativa privada, la creación de empleos en la cantidad que se necesitan, año con año y se está generando acumulación de profesionistas y jóvenes que se están quedando sin empleos y/o trabajan en áreas muy  diferentes a las que se formaron.     Y se están colocando en la encrucijada  de acudir al autoemepleo,  trabajo fuera de su especialidad  u otra oferta de trabajo no muy clara ni transparente, pero sí redituable o ser un NINI más: ni trabaja ni estudia.

Paralelo a esto está el asunto de la inseguridad que ya cubre todas las capas sociales y que disputa al gobierno-Estado todos los espacios territoriales, inclusive los políticos y los familiares y que ya no únicamente se es miembro de la delincuencia organizada, también se es empresario y organiza estructuras delictivas y exporta y controla.

Es reto es difícil, pero existe la esperanza y eso cuenta mucho, porque la esperanza genera confianza y un gobierno no llega a ninguna parte si no tiene la confianza de su pueblo.