El pasado viernes 22 del presente se cumplieron 5º años del atentado contra el presidente demócrata de los Estados Unidos, John Fitzgerald Kennedy,  llevado a cabo en la ciudad de Dallas, Texas, oficialmente  por Lee Harvey Oswald, un supuesto militante prosoviético.

Desde el primer minuto de su ejecución  se tejieron varias hipótesis sobre las causas del atentado, loa participantes y la existencia o no de color para llevarlo a cabo; configuraciones que se agravaron con la casi inmediata detención del supuesto asesino y que se fortalecieron o se transformaron en más oscuras a partir del asesinato del presunto magnicida… ¡en la misma cárcel de Dallas!

Aunque no era novedad ese tipo de actos de violencia contra los Ejecutivos de los Estados Unidos – hay varias coincidencias-conjeturas sobre estos hechos sangrientos  que  si no fuera por lo espeluznante y dramático, nos  reiríamos  de ellos, pero… -, si llamó la atención que rápidamente los medios de comunicación, sobre todo la electrónica y los grandes diarios – cabezas de cadenas periodísticas – insistieron en la señalación de Lee Harvey Oswald como el solitario asesino  movido por su celo soviético…Aun se respiraba el morbo de la llamada crisis de los misiles ruso-cubanos…para casi inmediatamente abrir la baraja de causales o móviles y responsables: la mafia norteamericana, la conexión cubana, la misma CIA, los trust petroleros, los fundamentalistas de la intolerancia racial,  etc., etc. y etcétera.

Seguramente la sociedad norteamericana era otra, como ahora lo es de la de hace 50 años, y el calor, las burbujas cálidas de este caso, quemaron a  la sociedad norteamericana y ninguna versión, ni el juicio de Oswald, dejaron satisfechos a la  opinión pública,  que la Suprema Corte de Justicia  debió de intervenir y bajo su auspicio se formó una Comisión – la Comisión Warren  – la que, después de arduo trabajo de investigación llegó a la conclusión inicial: Lee Harvey Oswald fue el único asesino, no hubo complot, no hubo más causa que su inclinación prosoviética, mas, también concluyó que la “la bala mágica que completó el atentado, fue mágica”, pues fue desviada por muchos objetos, algo inverosímil, pero que por venir de la altísima fuente oficial del área de justicia, debió aceptarse: La Suprema Corte de Justicia de la Nación., la que ordenó que todos los datos de esta comisión no serían abiertos al público hasta pasados 30 años – toda una generación -.

Nosotros desconocemos la intención de quien, o quienes, planeó (aron) este magnicidio; tal vez no cambió la faz ni las entrañas de la política norteamericana    y sí probó la fortaleza de sus instituciones, que si hubiera sido en otros países menos o más democráticos, otras  habrían  sido  las consecuencias, que podían llegar hasta una guerra interna, guerra civil.

En la política norteamericana se han dado casos muy inéditos: los atentados=magnicidios – varios, más de seis – y la renuncia presidencial – la Richard Milhouse Nixon  y su sistema político se cimbra, pero no cae, no se desploma.

El magnicidio oculta sus agudos resultados en política internacional: inicio de la guerra de Vietnam, bloqueo contra Cuba, fortalecimiento de la Guerra Fría, la Alianza para el Progreso, alza de impuestos a la industria petrolera, etc., etc. Acaso le faltó tiempo – que le quitó quien le robó la vida – para valorar mejormente sus frutos políticos.

Curiosamente la familia Kennedy, la familia real, el Clan Kennedy está marcada por el infortunio: Jack – muerto en acción en la II Guerra mundial – , John, asesinado, Robert, asesinado, Ted, sin opción a disputar la presidencia por el caso de la bahía de Chapaquidwick, Massachusetts y un John, John, muerto en accidente deportivo. Casi toda su familia directa desecha y  separada.   Descanse en paz