Hoy, por décima séptima ocasión, inicia el llamado Horario de Verano, iniciado en 1996, en el sexenio de Ernesto Zedillo Ponce de León, medida – argumento utilizado, así – aplicada para aprovechar la luz solar de los meses de mayor insolación y aprovecha más luz natural y así, lograr un ahorro de energía eléctrica
Se dice que el Horario de Verano también contribuye al cuidado del medio ambiente y la salud de las personas, pues durante su aplicación se evita quemar menos combustibles para hacer funcionar las centrales termoeléctricas, lo que se traduce en menos emisión de contaminantes que deterioran tanto nuestro planeta como la vida de nosotros, sus habitantes.
De conformidad con cifras oficiales, el llamado Horario de Verano permitió ahorrar durante el año pasado mil 41 gigawatts hora, lo que equivalente a 85 % del consumo anual de energía eléctrica del estado de Campeche o m mil 390 millones de pesos y el ahorro alcanzado en 2012 fue de mil 390 millones de pesos, cifra que incluye los ahorros obtenidos en los 33 municipios de la franja fronteriza norte, que adoptan el Horario de Verano el segundo domingo de marzo y concluye el primer domingo de noviembre.
En su inicio de este horario, se afirmó, categóricamente, que habría un ahorro en el costo de la energía y consumos domésticos de las familias-hogares de nosotros los mexicanos; en el transcurrir de los años se ha notado todo lo contrario: los pagos por el consumo doméstico de energía eléctrica se fueron más allá del 10% bimestrales y eso sí se reflejó-impactó el bolsillo de las familias mexicanas. Ahora la versión de ahorro oficial se dirige hacia los gastos de producción de la energía – gas, diesel y gasolina – y lo que se beneficia el medio ambiente al evitar quemar esos contaminantes y lanzarlos a la atmósfera. Como eso no lo podemos demostrar ni se refleja en el bolsillo, pues nadie dice nada.
Otra cosa es inocultable: la vinculación de nuestras actividades productivas a las actividades – no únicamente económicas, si no de seguridad propia, y continental – de nuestros Socios del Norte.
Otro hecho que no se puede cubrir: Llevamos diecisiete años cambiando un semestre sí y otro también y no alcanzamos a colocarnos en ritmo…este horario no es para nosotros: nos cambia la vida. Este horario no es únicamente un ajuste – de adelantar–de atrasar – de reloj. Es un ajuste de nuestra vida y eso no parece importarles a los llamados líderes sociales.
Sea como sea, aquí está y nuevamente a ajustar toda nuestra vida a estas decisiones políticas verticales, unilaterales.






















