El internet con sus maravillosas características que posibilitan su uso, disfrute y abuso, ha “democratizado” el poder de penetración y presión en la sociedad – en la masa – y en los individuos, otorgándole un efecto geométrico a los Medios masivos de comunicación y a la par de las informaciones, los recados, mensajes, las felicitaciones, propuestas, invitaciones, avisos, fotos, imágenes, etc., etc., y etc., adornando el amor, el trabajo, la familia, los credos y las ideas de afecto, va el odio, la violencia, la incitación y la confrontación, la intolerancia guardada y que ahora, en el casi anonimato, sale de los capas oscuras de las sombras para manifestarse en la Red.
Si la violencia –esa que es delito – fue presencia entre las capas de la sociedad y se tipificó como una constante de las concentraciones humanas, sociales y que posteriormente bajó hasta los segmentos ocupacionales, posiciones económicas, dogmas y ubicaciones ideológicas y políticas, ahora está en el ciberespacio.
Desde ahí, sin límites de ningún tipo, sin fronteras, sin densidades, sin más contenido que el mensaje, el odio, la intolerancia, el afán de venganza, el ajuste de cuentas, la difamación, la violencia, la incitación, la confrontación, la invitación a la represalia, trasciende a la subversión, al desorden, a la insurrección, a la desobediencia, a la revuelta y la ideología ahí está: no es anarquía, no es ideología, no es dogma…es fraternidad, solidaridad con los hijos de los “márgenes”
Son de los millones de las cifras escandalosas, de los llamados ninis – y no atendidos, porque no ha descendido su cifra y sí se ha incrementado -; son hijos de los números fríos, de las cifras duras de las orillas de las cifras estadísticas y, como ellos mismos lo afirman “los que han empezado a existir cuando taparon su rostro y escucharon su odio – algo así como el sub comandante Marcos, que como Salvador Guillén Vicente empezó a existir cuando se puso su pasamontaña -“.
Ahí está el odio que invita a la revolución de baja intensidad – ahora – y que el Estado, el gobierno, sus estructuras, sus instituciones, la sociedad, las fuerzas vivas de esta sociedad, los sectores de esta sociedad no escucha, no ve ni siente, porque están bastante ocupados en sus dichas y placeres y para ellos no cuentan.
Día a día, por las mismas circunstancias sociales tan desiguales, tan inequitativas que se muestran en los números fríos de las estadísticas sobre ingresos, distribución de la riqueza, pobreza, miseria, ganancia de bancos, indicadores de la corrupción, etc., etc., la difusión, el conocimiento, la dispersión, de este mensaje – del mensaje del odio, de la incitación a la violencia, al vandalismo, a la revancha, a la destrucción – será más amplio, más tangible, más conocido y tendrá más seguidores y, es deseable, no sea demasiado tarde.






















