Es de sobre conocido que, con el respaldo de los tres principales partidos políticos nacionales y los liderazgos partidistas en el H. Congreso de la Unión, la nueva administración federal presentó la propuesta del Pacto por México, que en la práctica política es un conjunto de buenas acciones que, necesariamente requerirá de dinero, montones de dinero para materializarse, dinero que no existe, pero que es posible que sí se tenga.

¿Cómo?


Ese es el centro del asunto: como no es recomendable aumentar la circulación de más billetes mexicanos, ni pedir dinero prestado – más de lo que se está pidiendo-recibiendo en dólares -, ni aumentar los impuestos, ni crear otros crear más, lo que se hará será…UNA REFORMA HACENDARIA JUSTA.

¿Qué es esto? Es la nueva política pública hacendaria de la administración federal 2012-2018

¿Cómo debemos entenderlo? (En palabras del secretario de Hacienda, Luis Videgaray, sería así): Reforma fiscal que le dé al Estado mexicano la capacidad financiera de generar una economía democratizadora y de cumplir con sus obligaciones en aspectos como la educación,, salud, e infraestructura, que democratice la productividad y nos dé competitividad; que sea justa, mediante la cual quienes generen más utilidades paguen más, lo que contribuirá a hacer de la política fiscal un instrumento de redistribución del ingreso y la riqueza. (Y amplía)Con el esfuerzo colectivo, lograremos democratizar la economía, lo que al final de cuentas es el objetivo central del Pacto Por México, para que los mexicanos a través de su trabajo, ganen más y a través del acceso democrático a los bienes públicos y a la economía de mercado tengan más en su bolsillo.

¿Qué entenderá este señor por economía democratizadora? ¿Cómo la economía va a democratizar? ¿Qué entenderá por democratizar la productividad? ¿Cómo se va, o se democratizará, la productividad? ¿Por mayoría de votos? ¿Por listas de representación plural? La teoría clásica fiscal, impositiva, sostiene que la filosofía – el fin último – de esa política pública, razón de ser de la política fiscal, es “ser instrumento de redistribución de la riqueza”, que hasta el momento este fin último no ha sido posible cumplir y en nuestro formato económico es inequitativo, desigual, favorecedor de una mayor, y cerrada, concentración de la riqueza y la igualdad, la equidad en la distribución de la riqueza, es un mito genial, un ideal histórico o un sofisma económico. Y eso es lo que está haciendo el secretario Videgaray: envolviendo, revolviendo, todo en un galimatías tautológico, bizantino, en un círculo vicioso, en el que solo él se entiende. Lo malo: Está dorando la píldora y escondiendo más impuestos.

En el Foro México 2013, bajo los auspicios del Banco Mundial, Samuel Freije-Rodríguez, economista en jefe, afirmó: En México es necesario aumentar la recaudación fiscal vía el consumo para proteger y ofrecer mecanismos de aseguramiento y asistencia social; en términos de administración fiscal, significa, no solo considerar los cambios de tasas o de estructura, sino de capacidad del estado mexicano de recaudar, de tener los agentes que vayan, recauden, y supervisen, que en efecto la ley se cumple; considerar todas las exenciones, exoneraciones y la falta de fiscalización. En otras palabras se considera el IVA en consumo total – incluidos alimentos y medicinas -, combatir evasiones fiscales, acabar con todas las exenciones y paraísos fiscales y los regímenes fiscales preferenciales: Persecución fiscal e IVA generalizado –léase en alimentos y medicinas –