Bastante se ha hablado y escrito sobre las llamadas reformas estructurales que el país necesita para tener más empleo, más recursos financieros disponibles y más inversiones y todos los sectores sociales se han manifestado en un sentido y en otro y la verdad  no aparece, porque finalmente, ésta, la verdad, no se mostrará hasta que las r4eformas estén en operación y presenten resultados.

Vayamos por partes: sobre la reforma fiscal se ha dicho  mucho y nada, porque la información ha sido reservada, confidencial y circula únicamente entre los diputados y los sectores interesados y con representación: los miembros del sector patronal; en el fondo se dice que afecta los intereses de la Clase Media y muy seguramente así será, pero toda reforma que signifique ingresos, impuestos – nuevos, cambio o ampliación – lesiona segmentos poblaciones y capas sociales. No existe – en ninguna parte del mundo ni en ningún país –   un impuesto o tipo de impuesto que sea aceptado por todas las clases sociales. Es  claro que todos los segmentos sociales se manifestarán y clamarán diciéndose perjudicados. Lo cierto es que para que el país obtenga ingresos frescos – se ha dicho hasta el cansancio – debe aumentar la base gravable, el universo de causantes, desaparecer las exenciones, detener el contrabando y que quienes ganen más, paguen más, así de simple y parece ser que se desea avanzar en ese sentido y se desea que eso se logre.

La reforma energética pretende que  todos los que significa los hidrocarburos – gas y petróleo – y la energía se abran a los inversionistas  y ´+estos puedan participar en todos los eslabones de su explotación: exploración, extracción, transportación, refinación, comercialización, pero que la materia prima  – gas, petróleo y energía -continúe siendo mexicanos y que los capitalistas sólo obtengan parte de las ganancias y sí corran con los riesgos; está en la discusión nacional éste último juicio: la propiedad de la nación…ciertamente, Jacques Atali, franco argelino, creador de la Comunidad Europea afirmó que: “Los años venideros serían terribles porque las naciones deberían aceptar nuevos conceptos de soberanía” y esto es cierto y como ejemplo está la Unión Europea: Todas las naciones que forman esta Unión sacrificaron bastantes conceptos de nacionalidad, soberanía, sin perder su identidad nacional.

Finalmente, acaso, lo que al final debe tenerse en cuenta son las respuestas a las preguntas siguientes: ¿Realmente será benéfico para la mayoría de la sociedad nacional? ¿En verdad ese cambio no es un regreso a las condiciones porfirianas de la industria petrolera?  ¿Realmente son necesarias, indispensables, para la modernización  de las  paraestatales? ¿Sí, generarán más empleos, más ingresos?

¿Cómo saberlo?