En las últimas décadas, México ha avanzado considerablemente en el cuidado a la salud, lo cual ha impactado el nivel de vida de la población y desarrollo del país. Sin embargo, aún falta avanzar y rápido. Algunos “Jinetes del apocalipsis” con el que se encuentra la salud del país, como retos y desafíos incluyen: disminuir la pobreza en aras de mejorar el estado de salud; desarrollo de servicios de salud que impactan en los indicadores demográficos; esperanza de vida al nacer y mortalidad infantil; la desigualdad que tanto golpea al mexicano; la infraestructura disponible en el país para el cuidado a la salud; y el limitado rendimiento que se obtiene en la administración y financiamiento, específicamente en la asignación de recursos públicos para los mismos. En Sonora ya los padecemos.
La salud es fundamental en la vida de las personas y las sociedades; por ello, su cuidado es una obligación esencial de todos los estados modernos. México ha avanzado mucho en esa tarea y las condiciones de hoy son incomparables con las de hace cuatro o cinco décadas; la labor del personal de salud de muchas generaciones se transformó en mejores niveles de salud y esto impactó en el nivel de vida y el desarrollo del propio país. No obstante, aún en nuestros días la salud ya enfrenta retos y desafíos que surgen como reacciones apocalípticas y comienzan a decrecer en lo ya ganado; retos que generan enfermedad, dolor y muerte, acompañado por un uso poco eficiente de los limitados recursos que a ello se destinan. Desafíos como el reto doctrinario, en donde algunos consideran la salud como un nicho de mercado, como una simple mercancía; una visión por supuesto equivocada, la salud es un bien individual; claro, pero lo es también de orden colectivo y, por lo tanto, es un bien social.
La atención a la salud se trata -ni mas ni menos- de una expresión auténtica de justicia social; es, como lo ha sostenido el Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas, un compromiso intrínseco de la seguridad humana y un elemento indispensable de la estabilidad social. La Organización Mundial de la Salud, OMS, y muchas otras entidades sostienen que el peor enemigo de la salud es la pobreza, hoy afecta a 2000 millones de personas, equivalente a la población del planeta en 1927. Hoy, poco más de la mitad de los mexicanos vive en condiciones de pobreza en alguna de sus clasificaciones, pero pobreza finalmente, y sumándose a eso, vergonzosamente: la desigualdad que aún en nuestros días flagela en gran parte a la sociedad, lo que desestabiliza su núcleo por resultar un auténtico atentado a la misma.
La historia y la literatura han preservado el mito del castigo eterno de Sísifo. Pocas condenas tan terribles como la que se le impuso a él: empujar una roca hasta lo más alto de una montaña del Hades, sólo para que al llegar al punto la roca cayera a la base, para hacer que el condenado iniciara de nuevo su labor interminable. En palabras de Camus: “Si este mito es trágico, lo es porque su protagonista tiene conciencia, porque sabe que se trata de un trabajo inútil y sin esperanza.” Tal parece que en la esfera pública este castigo se puede instalar en el propio medio, emprender permanentemente un trabajo del que, por anticipado, se sabe no se concluirá y mucho menos de manera exitosa; definitivamente se corre el riesgo de que en el desarrollo de los servicios de salud se instalen Sísifo y su castigo, y eso no debe permitirse.
En el periodo de 1940-1990 la natalidad y mortalidad mostró un enorme diferencial; en esas cinco décadas pasamos de 19 millones de habitantes a 81 millones, un incremento de 61 millones más; el fenómeno se acompañó de una auténtica transformación en la composición de los grupos de edad; para 2018 uno de cada 9 mexicanos tendrá 60 años o más; en el 2035 será uno de cada 5 habitantes. Otro elemento importante es la esperanza de vida al nacimiento, la cual aumentó en nuestro país en la última década por 5 años, Brasil lo hizo con 7 y Corea del Sur 8, algo hicieron ellos que México dejó de hacer. Según el reporte 2011-2012 del Foro Económico Mundial entre 142 países, el nuestro ocupó un sitio modesto en el número 58 respecto a la desigualdad, donde los componentes que evalúan se encuentra la salud y su desempeño en la misma, alta prevalencia de VIH, paludismo, mortalidad infantil elevada, y la deficiencia en las instituciones públicas pusieron al país en desventaja.
Un reto adicional deriva de la gran infraestructura de que se dispone en el país para el cuidado de la salud y el limitado rendimiento en cuanto a resultados. Son 172,000 médicos y 236,000 enfermeras para 21,594 unidades de atención incluidos 1,254 hospitales con casi 82,000 camas censables, 3,533 quirófanos y cerca de 2,500 laboratorios. En materia de servicio, es impresionante el que se presta, el año pasado se dieron 300 millones de consultas y se internó a 5 millones y medio de pacientes, se practicaron 3 millones y medio de cirugías; y en contraste, la administración y financiamiento no son los adecuados. Otras causas, como las enfermedades crónico degenerativas, bajo apoyo científico y falta del recurso humano, afectan como “jinetes” la salud del país. Gabilondo ha dicho que: “Hay tanto sufrimiento y miseria en la vida, tanta injusticia, que es indispensable no sentirse del todo satisfecho mientras un sólo ser humano no goce de la plenitud de sus derechos y de su vida.”
Dr. César Álvarez Pacheco
@cesar_alvarezp
Huatabampo, Sonora

























