Se dice que cuando Dios da… ¡Da a manos llenas! Y lo que en este momento se está viviendo en buena parte de la República es muestra de lo anterior: la prodigalidad de Dios o de la Madre Naturaleza…Afectaciones en más de la mitad de la República – 18 estados -, suspensiones de clases, cierre total de autopistas, cierre del aeropuerto de Acapulco, puente aéreo para desalojar paseantes retenidos en Acapulco, varados cerca de 50 mil turistas en Acapulco e Ixtapa, incuantificable cantidad de muertos, desaparecidos, declaraciones de desastres naturales en casi cien municipios del país, etc., etc. y etc.
Las imágenes son demoledoras y muy evidentes; sobran las palabras, salvo la de que es lamentable, sumamente lamentable que esto suceda.
Pero sucede.
Se afirma que el hombre es el único animal que se tropieza más de dos veces con la misma piedra…y eso es terriblemente cierto.
No hemos aprendido, ni como sujetos, ni como sociedad ni como gobierno: Estos desastres – porque habría que llamarlos de alguna manera, son lógicos, bastante lógicos: si usted se fija, los desbordamientos de ríos se presenten, ciertamente, porque los volúmenes de agua son atípicos, pero las aguas desbordadas corren por sus cauces naturales, por donde en el pasado eran avenidas, rutas, caminos, lechos, aparentemente, secos y por ahí se van y arrastran lo que se haya construido sobre esas avenidas hidráulicas naturales; se llevan puentes mal construidos, mal cimentados – en función de que ahí eran cauces de aguas y el agua con fuerza inusual, barre con todo. No hemos querido aprender que debemos respetar lo que la naturaleza
Indica, manda; son las leyes naturales.
Lo mismo sucede con los deslaves…seguimos necios construyendo en las faldas de los cerros, en terreno minado, en terreno flojo…es lógicamente natural que suceda lo que pasa y punto.
Los fraccionadores no deben proponer desarrollos urbanos en zonas que los ríos ocuparon… ¡Los seguirán utilizando! Aunque sea cada 20 o 25 o 30 años; ni las autoridades deben continuar autorizando esos desarrollos urbanos…se las llevará el agua y esas mismas autoridades deben instalar, alcantarillas, coladeras drenajes, profundos, semiprofundos, superficiales, pero deben estar en todas las vialidades…por omisión, complicidad o indiferencia, no lo hacen y aquí están las consecuencias…Como complemento, las obras viales, las grandes obras carreteras deben estar bien construidas, con fuertes sistemas de evacuación, colectores o como se diga, de las avenidas y escurrimientos de agua y, como complemento las presas deben tener servicios o anexos complementarios para la colecta de agua o para su desahogo…claro, cuesta, pero es mucho mejor hacer las cosas bien, desde la primera vez y no estar con lamentaciones como las de este momento, que año con años repetimos.
Finalmente, tampoco hemos aprendido que debemos cambiar un poco un mucho: debemos tener-pagar seguros para desastres naturales – y de los otros – para que esas empresas cubran estos daños, porque es muy natural en los mexicanos, que no contratemos seguros contra ningún daño, desastre o cosas de ese tipo, pero año con año los acontecimientos de la vida muestran que debemos cambiar en este aspecto, aunque se tiene el contrapeso de que ¿con qué? Si apenas se gana para medio vivir y sobrevivir y pagar un seguro contra este tipo de desastres es bastante caro…pero…aquí está la realidad
Aunque, también, se dice que Dios aprieta, pero ¡No ahorca!






















