Ante los indicadores de que el Estado mexicano necesita dinero para cubrir el presupuesto programado por el 2014, se ha estado hablando de una reforma fiscal, que se presentaría al H. Congreso de la Unión y en especial, de forma insistente en los casi seguros nuevos impuestos y entre ellos a ciertos alimentos y bebidas: a los alimentos procesados no básicos, las bebidas no carbonatadas – excluyendo el agua de garrafón – y los refrescos carbonatados tiene las mayores probabilidades de ser objeto del nuevo gravamen.
De ser así, los costos al público de las bebidas edulcoradas, agua embotellada para consumo humano – en presentaciones menores a la capacidad de un garrafón, y los productos con glucosa, fortificantes y energizantes subirán hasta un 16% en su costo. La exposición de motivos establece la finalidad es…evitar el sobrepeso.
Pero los representantes de la cadena de productores de azúcar, Refrescos y pequeños comerciantes se pronunciaron en contra de aplicar un impuesto adicional al refresco, pues consideraron que, si bien se disminuiría el 26% del consumo de este alimento de la canasta básica, generaría un impacto a la baja, en igual proporción, en el consumo del dulce, transporte, empaques y ventas de pequeños comerciantes, que terminarían pro afectar a los más de 540 mexicanos que dependen de esta industria.
Algunas otras opiniones señalan: “” Un nuevo gravamen a estas bebidas sería regresivo e impactaría 14 veces más a la población de los deciles más bajos que a los de altos ingresos; ello, aunque no haya evidencia científica de que los refrescos aumenten el problema de la obesidad….se considera que sería un impuesto discriminatorio, pues el refresco es el único producto de categoría de alimentos y bebidas no alcohólicas de la canasta básica que ya paga IVA de 16%, gravamen que representa aproximadamente el 50% de lo que estima que tiene el costo de atención a las enfermedades relacionadas con el sobre peso y la obesidad…este impuesto, lo único que provocará será la disminución de los empleos, salarios menores, presión al costo de la caña, disminución de la recaudación fiscal neta y fuerte incentivo a la informalidad, derivado de desproporcionada carga fiscal, sin que ello garantice la disminución del consumo, como ocurrió con decisiones pasadas gravando la venta de cigarros y alcohol…impuesto de esta naturaleza sería la puntilla para descarrilar una agroindustria y una cadena productiva importante…Si se suma un impuesto adicional impactará de manera directa en el consumo nacional del azúcar…de aplicarse un nuevo impuesto se afectarían las inversiones que se tiene planeadas en el sector.”
Sin embargo, según datos resultantes de personas entrevistadas sobre este nuevo impuesto, indican que, el 70% están de acuerdo en que se ponga un impuesto del 20% a las bebidas azucaradas y el 71% estaría de acuerdo con este impuesto, si el dinero recolectado se destinara directamente a la instalación de bebederos de agua potable en las escuelas y espacios públicos. Mas, médica y curiosamente, se sabe que el problema del sobrepeso no se resuelve con medidas fiscales.
Siguiendo en la línea de este asunto, desean que el dinero de este impuesto sea destinado a campañas contra la obesidad y orientación alimentaria y a la creación de un fondo contra la diabetes.
Lo cierto es que la población no está para más impuestos, si el salario mínimo sigue pagándose tan bajo y es rígido, inmovible.






















