“LAS NACIONES QUE IGNORAN LA HISTORIA ESTÁN CONDENADAS A REPETIR SUS TRAGEDIAS…EL PODER Y LA LEY NO SON SINÓNIMOS…LOS HOMBRES DE BUENA VOLUNTAD… SE OPONDRÁN A LOS GOBIERNOS REGIDOS POR LOS HOMBRES Y SI DESEAN  SOBREVIVIR COMO NACIÓN, DESTRUIRÁN AL GOBIERNO QUE INTENTE ADMINISTRAR JUSTICIA SEGÚN EL CAPRICHO O EL PODER DE JUECES VENALES”.CICERÓN,LA COLUMNA DE HIERRO, DE T. CADWELL.

“LA HISTORIA NO LES HA ENSEÑADO NADA”, MIKE CORLEONE, EN EL PADRINO, DE MARIO PUZO.

 

Ante al acoso que sufre en Estado, la imagen – real o aparente –  que ofrece el gobierno es el de una estructura de poder sumamente sensible, débil, y  hasta desconcertante, dubitativa, confundida; hasta el momento, la mayor debilidad del Estado es la decisión para aplicar la ley, monopolio legítimo que le concede el poder democrático y soberano otorgado por el pueblo, vía las elecciones; prefieren los gobernantes evitar el enfrentamiento, permitir la violación de los derechos de la mayoría y aceptar la repetida y constante y hasta ascendente, ruptura del orden establecido.

Es evidente que vivimos en constante cambio social, tecnológico y político; en nuestro mundo, los hechos aceleradores  del cambio de nuestra realidad fueron: 1°.- El movimiento  del 68, que abrió y flexibilizó el sistema político. 2°.-El escenario del 10 de junio de 1971, que unido al anterior, confirmó la necesidad de la apertura del sistema político-social y el desplome-desaparición de los tabúes políticos. 3°.- La Primera  Gran  Reforma Político Electoral, de Jesús Reyes Heroles, – 1977, con José López Portillo  como presidente -, que  de un sistema de partido hegemónico, posibilitó la transición hacia un formato partidistamente plural, ideológicamente diverso y competitivo. 4°.- El atentado en Lomas Taurinas, Tijuana,  y muerte de Luis Donaldo Colosio Murrieta, candidato del PRI a la presidencia de la República  – 23 de marzo de 1994 -: rompió el escalafón político y se abrió  la puerta a los advenedizos y  crecimiento de los enanos rompiendo  la reverencia y la sacralidad de la política y posibilitando que los de “afuera” metieran las manos y 5°.- Las Grandes  Reformas Político-Electorales de 1990, 1993, 1994 y la definitiva” de 1996, de Ernesto Zedillo que posibilitó la institucionalización, autonomía,   ciudadanización, separación e independencia del presidente de la República del poder político de los procesos electorales y total valor al voto depositado en las urna, generando confianza en las instituciones y procesos electorales organizados en el país. Agrupando estos hechos 1968-1977 en un bloque y 90,93, 94 y 96 en otro, la diferencia cuantitativa es de 30 años, una generación, aproximadamente: son generaciones del caos, confusión y desorden.

Esta velocidad del cambio político no ha ido de la mano con la transformación de la sociedad, que sufrió ruptura–detención en 1994, cuando el sistema político nacional (y económico y social, como efecto directamente proporcional)  – entró en crisis mayúscula, que en un tris estuvo ser en una revolución silenciosa, acallada en las cañadas de Chiapas, en 1994, generando confusión, caos y desorden acumulado, silenciosos, haciendo a un lado el conocimiento de lo productivo, de lo veraz, de lo real, de  lo cierto:  el conocimiento y la experiencia.  Desde esa fecha la sociedad nacional ha sido confusamente dirigida porque los pocos líderes existentes fueron rebasados por los cambios y/o no supieron dirigirlo ni administrarlo y el cambio inercial se movió pendularmente: de crisis coyuntural a crisis coyuntural, pero NO a crisis estructural y todo lo que ha sucedido  ha sido una repetición: temor  del Estado a usar el monopolio de la fuerza “legítima” y miedo a ser señalado como represor: Cualquier uso de la fuerza  – legal, correcta, transparente – se identifica como represión y sirve para mayor protesta.

Los casos siguientes, por señalar algunos: en el D.F, en 1996, actuando contra marcha de maestros de Oaxaca- cese al secretario de seguridad pública del D. F.; los repetidos  bloqueos  y hechos vandálicos en la autopista del Sol, los desmanes del primero de diciembre de 2012 y el cambio del código penal del D.F. para, de hecho, liberar a los detenidos; los machetes de Salvador Atenco – mayo de 2006 -,  que impidieron la construcción del nuevo aeropuerto de la ciudad de México, – más los de nuestro estado de esta administración y de las pasadas -,  las cotidianas marchas, bloqueos, tomas, movilizaciones de los miembros de la CNTE, o de cualquier grupo disidente, con razón o sin ella, etc.,   indican que el Estado=gobierno  tiene la experiencia del miedo de ser señalado como acusado: y para él, el Estado – en sus 3 niveles de gobierno -, es mejor la omisión, y echarse para atrás, que actuar; corre el riesgo de ser acusado de violador de derechos humanos y prefiere dar pasos laterales o desdecirse, recular. En nuestro país pesa más la presión de los manifestantes ilegales que la demanda  de miles de ciudadanos que exigen la protección de sus derechos.

¿Y por qué? Existen varias hipótesis, teorías, conjeturas. Todas tiene su lógica y verdad; una de ellas es la ilegitimidad del poder. Y, curiosamente, suceden cuando en el país existe confianza y credibilidad de la sociedad en las instituciones y en los procesos electorales; es cierto, que quienes gobiernan, como fecha indicadora, desde 1994 hasta nuestros días, no tienen la Ley de Oro de la Democracia: la mitad más uno, que les concedería legitimidad,  pero sí  obtienen la mayoría natural – son legales -, que viene a ser poco más  de un tercio del electorado, luego entonces la mayoría está en contra del poder=Estado=gobierno constituido y esto sí pudiera actuar en la mente de quienes se manifiestan y buscan solución a sus exigencias, ante un estado=gobierno ilegítimo, pues no es la mayoría soberana. Otra, la NO representatividad social de los partidos políticos, que conservan el monopolio para ascender al poder de ellas; una más, la aplicación selectiva de la ley, que deviene en impunidad=corrupción por los poderosos: ¿Cómo poner orden en el caos, en el desorden, cuando no se respeta la ley,  la norma, el derecho, el estado de Derecho?

Y así como estas teorías, existen tantas como los intereses de quienes las sostienen, mas lo cierto es que en algún momento y tiempo debe romperse este círculo vicioso – olvidan que vale más un momento de fuerza legítima, aplicada trasparente e inteligentemente que  largos periodos de tensión; que no se puede gobernar si se padecen remordimientos y que  muestran un Estado=gobierno débil incapaz de convencer y de usar el monopolio legítimo de la fuerza disuasiva del Estado=gobierno=poder,  y, acaso, y esto sea otra teoría, es que alguien, o algunos, están tras estos movimientos de desobediencia civil y confrontación social, lo cual tiene su  lógica, que con los adelantos de la tecnología de la comunicación electrónica es posible saber quiénes son, sus intereses y sus objetivos –sólo se debe saber el cómo y cuándo usarlos -, que no pueden ser otros que llegar al Poder.

Ignoran que más vale unas horas de inquietud y desasosiego generadas por un acto de fuerza de Estado, que días, meses y años de intranquilidad, presión y debilitamiento de la autoridad de Estado, poder y gobierno. Hasta el momento  la única autoridad que supo cómo enfrentar situación semejante y resultó ileso y hasta fue aplaudido, fue Juan Ramón de La Fuente, rector de la UNAM quien planeó el desalojo  y salida del Mosh y sus huestes de la rectoría y toma de la UNAM. Y es fácil y simple: voluntad y cuando se toma la decisión, es demasiado fácil hacerlo, pues no se  inventa nada nuevo.  Se debe recordar QUE NO SE PUEDE GOBERNAR SI SE PADECEN REMORDIMIENTOS.

Es sumamente cierto lo afirmado por el secretario de gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong: EN NUESTRO PAÍS NADIE PUEDE IMPONER SU VERDAD A LOS DEMÁS, POR LO QUE LA POLÍTICA DEBE SERVIR PARA AHCER COINCIDIR VISIONES ENETERE AQUELLOS QUE PIENSAN DISTINTO; SIRVE PARA HACER ÉNFASIS  EN LO QUE NOS ES COMÚN, EN LO QUE NOS ACERCA. LOS MEXICANOS EXIGEN SOLUCIONES  A SUS PROBLEMAS Y NO PROBLEMAS A CADA SOLUCIÓN QUE SE PLANTEA.

Mas algo debe ser Y hacerse, pues esos grupos focalizados  atan al pasado e impiden el avance natural y transformación estructural de la sociedad. No quieren ser escuchados; tienen el objetivo de romper el orden institucional del país, lo que significaría un retroceso de por lo menos una generación.