Si alguien tenia alguna duda puede ya desecharla, el PRI, partido que “gobernó” y administró  a México por 70 años, ha regresado, más sano y fuerte que nunca.  Los maestros de la corrupción, el fraude, la opacidad, el chantaje y la amenaza gobiernan nuevamente México. Regresó por la puerta grande, por la fuerza de los votos, por que los ciudadanos así lo decidieron, nos agrade o no.

En escasos ocho meses de gobierno, los indicios de un retorno a las épocas de impunidad  son  ya preocupantes. De entrada, la ceguera oficial ante la ostentosa corrupción que rodea al cacique sindical petrolero Carlos Romero Deschamps, sin que a la fecha haya visos de arreglo alguno. El castigo a una líder sindical, no por corrupta, sino por incómoda, la evidente protección a un ex gobernador de (muy) sospechosos antecedentes; a esto se agrega la reciente exoneración de uno de los símbolos de la corrupción extrema, Raúl Salinas de Gortari,   y  hace unos días el narco de narcos, Rafael Caro Quintero, fue liberado súbitamente, a las 2 de la madrugada, por que así lo quisieron un par de jueces.

Un juez federal, Carlos López Cruz,  exoneró a Raúl Salinas del delito de enriquecimiento ilícito de más de 224 millones de pesos, delito fincado por la Procuraduría General de la República que lo responsabilizó de comprar 41 propiedades con dinero cuyo origen de ninguna manera pudo justificarse cuando era servidor de Conasupo.

Pero el Juez López Cruz tenía evidentemente otra idea al respecto… o fue orientado para tenerla, por lo tanto determinó que Raúl Salinas es inocente.

El dinero y las propiedades ya son legalmente de la familia Salinas. Enhorabuena para la justicia mexicana.

Pero el asunto de Caro Quintero puede tener implicaciones mucho más graves que la liberación de un Salinas. Recordemos; Rafael Caro Quintero es, ni más ni menos,  el personaje más emblemático del  poderío del narco mexicano, de su insultante impunidad, de la violencia llevada al máximo,  del notorio sometimiento de la policía mexicana, de la corrupción institucional, y el señor ahora se encuentra  libre. ¿Por obra y gracia de quien? Obvio, del que lo pudo sacar de ahí.

La  liberación de Caro Quintero es un insulto para varias estructuras de los Estado Unidos. Un verdadero escupitajo en el plato de sopa del vecino.

El asunto viene del gris sexenio de Miguel de la Madrid; por esas fechas Rafael Caro Quintero tenía, en el complejo agrícola de El Búfalo, Chihuahua,  la plantación de drogas más grande de la historia. Sus  redes de complicidad llegaban hasta la ciudad de México, su influencia y poder no se explican sin una enorme red de protección política y policiaca que llegaba al primer círculo de poder.

Caro Quintero fue detenido en 1985, pero no por iniciativa de la policía y los políticos mexicanos, que ni “enterados” estaban de este asunto, sino por presiones  de  la Agencia Antidrogas de Estados Unidos (DEA)  y del propio gobierno de los E.U.A al descubrir que el narcotraficante había ordenado la tortura y asesinato de Enrique Camarena, un agente de la DEA que investigaba al cártel de Guadalajara. Junto con Camarena fue asesinado el piloto mexicano Alfredo Zavala.

La muerte de Camarena y la protección que policías y funcionarios del gobierno mexicano brindaron a Caro Quintero provocaron una de las tensiones más fuertes entre México y Estados Unidos. Incluso, ante la evidente pasividad de las autoridades mexicanas, los EUA optaron por virtualmente cerrar la frontera con México. Eso sirvió como acelerador para que las autoridades mexicanas  “descubrieran” el problema e iniciaran la persecución;  Caro  huyó a Costa Rica donde fue detenido y extraditado el 4 de abril de 1985.

Pero ahora con su liberación el problema a resucitado. Por lo pronto  la Casa Blanca avisa que hay una “profunda preocupación” y que “Estamos tan decididos que  afronte a la justicia en Estados Unidos, como lo estábamos inmediatamente después del asesinato del  Kiki Camarena”, así lo afirmó  la portavoz del Consejo de Seguridad Nacional, Caitlin Hayden.

Pero la Asociación de Agentes Federales Narcóticos de EU, mucho menos diplomática que la Casa Blanca sentenció:  “La liberación de este violento carnicero no es más que otro ejemplo de cómo los esfuerzos de buena fe de EU para colaborar con el gobierno mexicano, pueden verse frustrados por las poderosas fuerzas de la oscuridad que trabajan en las sombras del sistema de “justicia” mexicano”.

Edward Heath, quien fuera director regional de la DEA cuando ocurrió el asesinato de Camarena  fue drástico: “Su liberación refleja la falta de cooperación del gobierno de Peña Nieto”

Tanto a Salinas como a Caro Quintero los liberaron los jueces; el problema es que nadie va a creer que actuaron  por su voluntad y “en estricto apego a derecho”… o como se diga.