Está por iniciar un año escolar más y este será interesante porque será el primero en el que se iniciará la aplicación formal de la Reforma Educativa del Estado con la que pretende, entre otras cosas, recuperar la rectoría, autoridad y mando en el sector educativo, entregado en el pasado reciente al SNTE y a su clon, la CNTE.
Por considera interesante el punto de vista expuesto por Jaime Castrejón Diez, en su colaboración publicada en EL FINANCIERO, edición del 20 de mayo anterior, la transcribo: LAS REFORMAS EDUCATIVAS….
Hemos visto en el país diferentes épocas de la vida educativa, y si somos cuidadosos vamos a encontrar que desde la presidencia de Gustavo Díaz Ordaz se han planteado diferentes reformas. El 68 fue una eclosión social donde lo educativo sirvió, de detonante. Después del 2 de octubre se formó una comisión para determinar el camino que llevaría la educación y se empezó a hablar de reforma. En el siguiente sexenio se formó otra comisión que fue participativa, era natural que para reformar el sistema hubiera que consultarse a todos los factores que inciden en este fenómeno. Desde entonces en cada sexenio ha habido su consabida reforma.
Es necesario preguntarse ¿por qué tantas reformas? La verdad es que el conocimiento, la sociedad y las posibilidades de empleo han sido cambiantes, y la educación debe adaptarse a la demanda social. En los sesenta el problema principal era la demanda social insatisfecha, y por eso se construyeron escuelas y sea aumentaron las matrículas en las escuelas normales. Hay que recordar que el Plan de Once Años de Jaime Torres Bodet. Pero el 68 vino a demandar mayor relevancia en los programas y desde entonces cada reforma hizo énfasis en el currículum, esto es en que el contenido de la educación fuera suficiente para el empleo productivo y con ello la posibilidad de ascenso* social.
A partir de entonces, el énfasis fue el contenido de la educación en todos los niveles. Esto es natural, el contenido curricular es esencial. Esto ha sucedido en distintas épocas; el ejemplo más claro es la química que no se consideraba ciencia básica hasta que Wilhelm von Humboldt insistiera en crear un departamento de química en la Universidad de Berlín. Esto tuvo como resultado que durante varias décadas Alemania hubiera lidero la industria química a nivel mundial. A medida que las disciplinas avanzaban hubo necesidad de revisar currículum y diferenciar las partes de las disciplinas. En los setenta hubo la necesidad de revisar cuidadosamente todos los planes de estudio, porque con los conceptos de interdisciplina había necesidad de hacer ajustes para mantenerse vigente, pues muchos de nuestros estudiantes salían al extranjero y muchos graduados buscaban empleo, y tenían necesidad de tener conocimientos adecuados para conseguirlo.
El hecho de que los cambios curriculares se deban a fenómenos universales hace que éstos se propongan por quienes estén en contacto con los cambios sociales y, sobre todo, en los avances de la ciencia. Hay un caso muy revelador, el de la India, que en los ochenta decidió enfatizar a nivel de licenciatura las matemáticas aplicadas. Si vemos el efecto, veremos que más de cien mil empleos en las áreas de computación se han creado en ese país. Y otros tantos de sus ciudadanos están trabajando en otros países, precisamente en esas áreas.
Ha habido otras reformas que toman un rumbo diferente, es el caso de Japón, que hizo una reforma en dos sentidos, buscó en lo científico el mayor avance, ya que es uno de los países más competitivos. Sin embargo, en las humanidades y las artes se inclinaron por volver a sus tradiciones. Comprobando así que el currículum puede dar resultados si en lo científico se busca la excelencia y el aspecto social busca mantener una realidad social.
El proceso educativo tiene tres componentes: Planeación, aplicación y evaluación. Los tres son indispensables para lograr los efectos o los logros que se desean. Uno de los reclamos de quienes se oponen a la reforma planteada por el gobierno es la evaluación, porque dicen que atenta contra sus derechos laborales, la confusión se debe a que se mezclan los intereses sindicales con la idea puramente educativa. Habrá que separar los dos conceptos para tener una visión clara de la reforma.
Algo quees muy claro es que las reformas para que sean efectivas deben ir a la vanguardia de las disciplinas. Es claro que las ideologías y la política deben dejarse atrás para que las reformas realmente sirvan al país y, sobre todo, a los estudiantes. Es un error sujetar a la reforma a intereses distintos a la misma educación. Con el pretexto de la reforma se están jugando intereses sindicales y políticos, al grado que quien imparcialmente estudie el fenómeno que se vive en algunos estados es realmente la rectoría del Estado.
En el caso de nuestro país, la oposición a la reforma de la educación ha sido tomada más como bandera ideológica en contra del gobierno federal que realmente como propuesta. (SIC)





















