Se habla bastante de la cuestión educativa, de la nueva reforma constitucional educativa, del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación y demás; por considerar apropiado y muy valioso el punto de vista, y la información, transcribo colaboración de Rafael Aréstegui Ruiz, publicada en EL FINANCIERO en su edición del 25 de presente mes, julio, de 2013.

“Hace poco más de veinte año, Carlos Salinas de Gortari – ya como presidente electo – le sugirió al entonces director del grupo NEXOS, el que la revista realizara un ejercicio de diagnóstico sobre el estado de la educación en México. Un grupo de especialistas respondió al llamado con la convicción de que el resultado de los trabajos que se llevarían a cabo no sólo se publicarían sino que permitirían darle a la política educativa la relevancia que desde entonces era necesaria; parte de esos trabajos se publicó en el libro de Gilberto Guevara Niebla, en carácter de compilador: La Catástrofe Silenciosa.

Al cabo de ese periodo, es lamentable que las conclusiones y sugerencias que arrojaban el resultado del esfuerzo de importantes especialistas del terreno educativo que se resumían en el hecho de que todos los indicadores disponibles en ese momento señalaban que sin excepción y en todos sus niveles, la educación en México tenían un promedio escolar inferior a cinco y el nuestro era un país de reprobados.

Los autores se preguntaban entonces qué sucedió en la política educativa mexicana que llevó a una catástrofe silenciosa lo que en tiempos  en que Jaime Torres Bodet le imprimió un carácter virtuoso en los años 40, en los que fue subsecretario, primero y, posteriormente, Secretario de Educación Pública.

Durante la primera gestión promovió la Campaña Nacional Contra el Analfabetismo (1944-1946), estableció el Instituto Federal de Capacitación del Magisterio (IFCM) y el Comité Administrador  del Programa Federal de Construcción de Escuelas (CAPFCE)M AMBOS EN 1944. En su periodo, el presupuesto destinado a educación se triplicó pasando de 78, 679 millones, 674 mil pesos, en 1940 a 207 millones, 900 mil pesos, con los cuales, las demandas académicas, materiales y económicas de la educación fueron atendidas en todos sus niveles.

Jaime Torres Bodet regresó a dirigir la educación en el periodo del presidente Adolfo López Mateos; en su segunda gestión impulsó y puso en marcha el Plan  para la Expansión y mejoramiento  de la Educación Primaria, mejor conocido como Plan de Once Años; instituyó el libro de texto gratuito para la educación primaria, instaló los primeros 30 centros para la capacitación para el trabajo industrial y mandó construir los museos de Antropología y de Arte Moderno, emprendió la revisión de los planes y programas de estudio de primaria, así como la normal; y esas reformas obtuvieron la aceptación del magisterio.

Retomando la idea de la catástrofe silenciosa, ese diagnóstico llevado a cabo hace más de 20 años ya se señalaba como uno de los retos más importantes de la educación el que el Estado debería recuperar su poder en la materia de la rectoría en materia educativa, acotando el desmesurado poder que ya para entonces tenía el sindicato.

Pero ya en aquel tiempo  existían otros desafíos que desde fines de los 60 reclamaban acciones de política pública.

El reto de la equidad en la educación que significaba desde entonces tomar medidas que atemperaran las desigualdades sociales de los contextos educativos y que deberían evitar tratar igual a los desiguales, porque sólo se incrementaría la desigualdad.

También el desafío de la calidad que ya entonces reclamaba revisar la formación y actualización de la formación de los docentes, así como sus mecanismos de promoción, así como evaluar al conjunto del sistema educativo, revisando todos los factores que incidían en el rendimiento escolar.

Igualmente, el reto del financiamiento  a la educación que ya para entonces era notorio lo insuficiente del mismo y la urgente necesidad de arribar al menos al 6% del PIB, pero lo fundamental no sólo era el incremento sino la asignación con base a rendimientos.

Así mismo, el desafío de la productividad, el empleo y la revolución científico- tecnológica, que ya desde entonces era evidente la disparidad y desventaja con respecto a los requerimientos del país.

¿Por qué se guardó silencio entonces?  Ante la exigencia de esos cambios no se actuó, pero no fue por descuido u olvido.  Deliberadamente se apostó  por mantener el control sindical y en consecuencia se propició la catástrofe al punto que hoy se inicia la recuperación del papel rector del Estado en materia educativa, pero no se ven – ni por asomo – cómo se abordarán el resto de los retos del sistema educativo, actuando con base en proyectos aislados y ocurrencias.

Esa es la versión del articulista y está en su derecho de decirla.

La mía es la conjetura siguiente: Nuestro país inició el cambio de sus políticas públicas con la administración Federal de Miguel de la Madrid Hurtado y el Neoliberalismo continuó su fortalecimiento que con Carlos Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo Ponce de León se consolidaron y con mas administraciones más  proempresariales de Vicente Fox  Quesada y Luis Felipe Calderón Hinojosa se derechizaron totalmente.

Pretendieron terminar con el nacionalismo y que nuestros servicios educativos tuvieran fruto y se formaran ciudadanos, personas mexicanas con conocimiento de su historia y con confianza en el futuro social  y político de México como Estado y nación libre y soberana. En sucesivas reformas constitucionales cambiaron la letra y el espíritu del artículo 3°, que al amparo de otros derechos, abrieron la puerta a la Derecha y fueron avanzando en la involución de la educación y deteniendo y desviando a la sociedad nacional.

Así, se cambiaron planes y programas de estudio del sistema de educación Básica y Normal, desaparecieron la dirección General de Educación Normal, , transformaron la Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuitos y, finalmente, usaron como herramienta la llamada Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación y dieron golpe de Estado a Carlos Jonguitud Barrios, creando un temporal y largo caos (que ya lleva 30 años) en el sindicato nacional de trabajadores de la educación – algo parecido a lo que se operó con el Sindicato Mexicano de Electricista, de la compañía Mexicana de Luz y Fuerza del centro y que pudo  operarse con el Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana, pero tuvieron miedo de desestabilizar  al mismo tiempo dos poderosísimos sindicatos, pero ahora sí podrían hacerlo…¡ya están proponiendo cambiar su régimen de pensiones y retiro! – finalmente el producto sería el que se tiene: No formar ciudadanos nacionalistas, conscientes de su papel y futuro, libres y sí mano de obra maquiladora y dependiente de su ingreso, tropa para exportar y llenar las maquiladoras, armadoras de autos, enseres de computación, línea blanca y electrónica.

Lo que menos les importó fue la formación de las futuras   generaciones y – en eso coincido con el articulista -se dejó intencionalmente la Educación Nacional Básica en manos de los sindicatos – el SNTE, en caos, y la CNTE, como desestabilizador -.

Ahora, con el cambio de gobierno, cuando el Estado quiere recuperar la rectoría, la dirección,  gobierno y rumbo  de la Educación – que lo hará en estos años por venir – es deseable que, sin chauvinismo alguno, a los planes y programas  de Educación Básica y Normal, los libros de texto gratuito para educación Básica y las estructuras técnico administrativas de la Secretaría de Educación Pública se les ubique en la ruta  y punto que tenían hasta el momento del inicio del giro, cambio e involución.

Se permitiría que la Educación Nacional y los servicios educativos que presta el Estado cumplan su función constitucional de ser al gran transformador  de nuestra sociedad.