No hace mucho tiempo se empezó a utilizar ampliamente el adjetivo “presencial”, en referencia a la educación en aula, como oposición a la llamada “educación a distancia”, es decir vía la Internet, también conocida como enseñanza o educación “virtual”. Ni siquiera se hacía esa distinción cuando la tal educación a distancia era vía correo convencional, los llamados “cursos por correspondencia”.
Frente a las limitaciones de diverso tipo, para llevar a las aulas a millones de interesados en tener una educación formal, pero sin la capacidad de tener aulas disponibles para ellos, se ha desarrollado un boom de ofertas de “educación a distancia” o “en línea” en todo el mundo.
Esta modalidad, ofrecida por instituciones educativas, se ha desarrollado para cursar licenciaturas completas, maestrías, doctorados y diversas especialidades; también se está utilizando para educación primaria, secundaria y media o de bachillerato, y está disponible para los llamados técnicos medios, y para capacitación o actualización profesionales (la educación “continua”).
Hay combinaciones, en las cuales los alumnos llevan parte de sus cursos (y exámenes) por la red y otra de forma presencial, a veces alternadamente y otras en forma complementaria: la presencial para terminar lo antes estudiado por la Internet. Cursos de doctorado pueden hacerse virtualmente pero la tesis se presenta y defiende personalmente en la institución o Universidad.
Otro caso es el de las “telesecundarias”, por medio de las cuales el maestro rural (principalmente) dispone de una pantalla de televisión, para presentar a los alumnos temas que recibe por señal satelital a determinada hora y que él complementará con su propia actividad educativa.
Los cursos vía Internet, pueden ser totalmente automáticos, en los cuales el alumno encuentra toda la información, programas, guías de estudio, tareas y exámenes sin contacto humano y otros en los que cuenta (como se hacía antes en cursos “por correspondencia”) con tutores y maestros consultores.
Una forma de educación a distancia en la que se da la interacción de maestros y estudiantes, es por medio de video-conferencias, ya que los alumnos, en vez de estar solos frente a una pantalla de computadora, pueden ver a los demás participantes y conversar con ellos. Es algo equivalente a las reuniones virtuales de dirección de empresas o de conversaciones políticas.
Pero no toda la educación a distancia vía la red es educación formal. La gente interesada encuentra diversos cursos, diplomados y enseñanzas temáticas a seguir por su computadora, a veces con calificaciones, con el llamado “valor curricular” de la escuela que acredita la materia como cursada y otras veces simplemente dejando al alumno con el aprendizaje que haya adquirido según su constancia y dedicación.
En la educación a distancia no escolar, la gente puede aprender desde cómo cultivar tales flores hasta asuntos importantes como la integración familiar y la educación de hijos con condiciones particulares, desde “lento aprendizaje” hasta niños superdotados. También se aprenden idiomas por este medio.
Organismos y partidos políticos ponen a disposición de sus interesados y/o militantes muy diversos materiales educativos, sea en forma de cursos organizados o simplemente por materias de su interés en la formación política de los ciudadanos. Normalmente esta capacitación política es gratuita.
Las organizaciones llamadas “no-gubernamentales” o de la “sociedad civil”, ponen también a disposición de los interesados, diversos cursos o temas de formación social, política, económica y religiosa, entre otros. Este medio les permite también hacerlo a muy bajo costo y ofrecer la capacitación a precio cero o nominal (dicen que lo que no cuesta no se aprecia).
Las dificultades de distancia, de horario y de dinero, que mucha gente tiene para ir digamos a la universidad a cursar una licenciatura, son subsanadas con la educación vía la red. Este medio permite a los gobiernos e instituciones educativas, públicas y privadas, llegar a muchos interesados en estudiar.
Teniendo material educativo ya desarrollado y bien programado para que alguien lo estudie a su propio paso y horario, su difusión es relativamente barata, y además muy fácil de hacer a gran escala. Ésta es quizá la razón principal para que las escuelas y los Estados la hayan hecho tan popular.
Ahora bien, esta educación a distancia, llevada generalmente en la soledad del binomio estudiante – equipo de cómputo, ¿es equivalente a la realizada de forma presencial, es decir un grupo de estudiantes con su maestro en clase convencional? Creo que depende de opiniones y experiencias personales.
Sin embargo hay una limitación vía la red, y es la ventaja del enriquecimiento del aprendizaje por la interacción directa de los participantes en el aula. La oportunidad de hacer preguntas, de alumnos a maestros, de maestros a alumnos o de alumnos entre sí, sólo se da presencialmente, y creo que esto es muy valioso. El uso de laboratorios, por ejemplo, tiene que ser presencial.
Realizar exámenes es también diferente. En general, los hechos vía la red, se diseñan para que el examinado no pueda estar encontrando respuestas en textos y notas, por lo que tienen tiempos limitados para contestar. En clase, el maestro puede estar al frente de los examinandos, vigilarlos y darles mayor tiempo para responder al examen, que hecho “en papel”, permite al alumno ir seleccionando qué responde primero y qué después.
La educación a distancia tiene otra característica muy común: no reconoce fronteras, está disponible al mundo entero. Quien viva en el Perú puede así estudiar virtualmente en Francia, por ejemplo. Aún la dificultad idiomática se supera, cuando las instituciones educativas ofrecen cursos virtuales (o a distancia) en más de un idioma.
Lo que sí supone una dificultad es el reconocimiento oficial o del medio profesional que se hace a estudios a distancia, sea de instituciones que cuentan con los llamados campus o de las que solamente operan virtualmente, que no tienen aulas. Para darles valor oficial a estudios de grado y postgrado, se requiere que la institución esté debidamente acreditada. Cuando se cursa en instituciones de gran prestigio no hay problema.
Lamentablemente en este sistema de educación virtual, hay mucha charlatanería, y así como hay instituciones de gran reputación las hay también que son solamente vendedoras de diplomas y títulos, detrás de los cuales no hay conocimiento real; cursar los estudios es muy simple parar llegar a recibir el título o diploma respectivo. Por esta razón, el interesado no en tener “el papelito” sino educación verdadera, debe cuidar mucho con quien se inscribe para educarse.
La educación a distancia ha suplido los anteriores y populares “cursos por correspondencia”, simplemente por representar una nueva tecnología de comunicación y manejo de información, y así como muchas personas aprendían leyendo el material impreso (y luego en casetes o discos), se titulaban y podían ejercer una profesión, generalmente de técnicos en alguna especialidad, no de licenciatura, igualmente lo hacen ahora educándose frente a la pantalla de un equipo computacional.
Con todas las limitaciones que se puedan encontrar en la enseñanza vía la Internet, no hay duda que populariza y facilita la educación, que de otra manera estaría fuera del alcance de muchas personas. Por lo demás es algo que llegó sin duda para quedarse, y que día a día aumenta su disponibilidad, enhorabuena.
























