La globalización – o Neoliberalismo – es un formato económico y político realmente inhumano, que lo único que busca y desea son las ganancias en cualquier parte del mundo; busca producir – lo más barato, fácil y rápido posibles -y ofrecer a la venta y vender – más, mejor, rápido y más barato – posibles, en cualquier parte del mundo.
En sus inicios, en Francia e Inglaterra, los agroproductores y los industriales, como efecto de los tratados comerciales entre esos dos países, de un día para otro, se encontraron que esos mismos productos –vegetales, frutas, carnes, lácteos y roa y artículos de línea blanca, vinos, embutidos, etc., todos ellos extranjeros – o franceses o ingleses, según el caso, estaban mucho más baratos que sus productos nacionales y ante el bajísimo precio de ellos era más rentable importar que producir y tiraron sus carretas con productos agropecuarios frente las oficinas nacionales, estatales y municipales para demostrar su rechazo a ese tipo de políticas públicas aplicadas por sus gobiernos. Importó muy poco y la Unión Europea creció y fue una realidad – aunque ahora les esté costando un ojo de la cara.
Desde el primero de enero de 1994 – hace casi 20 años – nuestro país introdujo, aplicó el TLC firmado con los gobiernos de Estados Unidos y Canadá y complementado con el neoliberalismo y la globalización, todas las políticas públicas creadas por los gobiernos de la República, anterior al TLC fueron hechas y echadas a un lado y, a partir de ese día resultó más barato importar y comercializar lo importado vía nuestros primos del Norte, que producir.
A los gobiernos que siguieron a Carlos salinas – Ernesto Zedillo, Vicente Fox y Luis Felipe Calderón Hinojosa y el actual – poco le importa e interesa el clamor de todo tipo de productores nacionales; es la moda económica, existe un tratado económico y es ley, aunque sea contrario a la circunstancia económica del campo, de sus moradores, trabajadores y productores; se partió de un supuesto: el TLC traería mayor competencia y eso resultó un sofisma, una falacia: un selecto grupo de comercializadores, ante el silencio, omisión y/o complicidad del Estado – controlan, tiene el monopolio de las diversas importaciones – y exportaciones – de casi todo.
Ante esto, el país, tiene una dependencia del 66% en sus alimentos y productos de uso doméstico e industrial. Dependemos del exterior y las políticas públicas llevan esa dirección: Total dependencia y sumisión ante el comercio exterior, de la importación.
Los clamores, y reclamos, de los artesanos son campanadas al viento. La política pública económica será invariable y el TLC no se revisará, hasta que le convenga a los Estados Unidos y .eso será cuando sea favorable a sus intereses.






















