Nacional, estatal y socialmente el analfabetismo es un lastre para el desarrollo del país, que pese a las reiteradas afirmaciones de la cobertura del 100% de los servicios de educación básica, es una lacerante realidad que ancla al país, a sus políticas públicas y a sus programas de desarrollo y progreso para la sociedad.
El analfabetismo tiene varias facetas; una de ella es que se manifiesta en los adultos mayores de sesenta años o más y, fundamentalmente en el medio rural y en las zonas de marginadas o de muy alta marginación o de rezago, como se quiera identificar esta zona geográfica; otra más es que en realidad, se desconoce la cantidad aproximada, absoluta y/o relativa de ellos; se tiene una cifra y un porcentaje – o varias cifras – todas de escritorio, pero son producto de censos del INEGI o de encuestas realizadas, confiadas en la buena fe de los declarantes, pero no se conoce una cifra cercana a la realidad.
Una más es que el analfabetismo es una condición social, un vestido de la sociedad que generó preocupación del gobierno de la República y que allá por la década de los 40s propuso y operó la Gran Campaña de Alfabetización que se complementó con el inobjetable Plan de los 11 Años – 1959-1970 – ofreció educación primaria a toda su población menor de 15 años o, la alfabetización y educación primaria, a los mayores de esa edad. Fueron los monumentales momentos educativos para salir del anclaje medieval y colocarnos en el umbral del desarrollo y del progreso; el país y sociedad que somos actualmente es el producto de esas acciones de la República.
Lamentablemente, pese al abanico de modalidades de servicios educativos, la cobertura no ha sido universal ni los servicios de Educación Básica han sido 100% eficaces y han quedado cantidades de niños y adultos y regiones con esas condiciones y a la sombra de esas condición se establecieron y, supuestamente, operaron programas, multimillonarios para erradicar ese lastre social y con el ideal de levantar la Bandera Blanca de la Alfabetización en todas las poblaciones del país; uno de ellos es el INEA – Instituto Nacional para la Educación de los Adultos – y, en el caso de nuestro estado, el IEEDE – Instituto Estatal para la Educación de los Adultos – o el nombre que tenga o le acomoden.
A su cobijo se han ejercido miles de millones de pesos y el índice porcentual, ni la cantidad absoluta, no han bajado; nunca se ha indagado la verdad. Se ignoran, secreto oficial los gastos del programa michoacano ALFA TV, los salarios y remuneraciones de los técnicos cubanos; los resultados del Instituto Estatal para la Educación del Adulto y los millones que manejó y que se hicieron agua.
En la realidad el analfabetismo es un mito genial y ese mito significa millones de pesos y manos libres. Ahora en nuestro estado se pretende que se incorporen a la cultura de la lectura y aprender a leer y escribir 30 mil paisanos al año, cantidad que parece viable; en la práctica significan, aproximadamente, 3 mil mensuales, aproximadamente uno diario en cada uno de los 113 municipios, pero, ¿sí se hará?
Esa actividad, la alfabetización debe realizarse, pero, paralelamente, debe buscarse la verdad y saber cuál es el piso de analfabetas estatales y trabajar sobre eso, la realidad, no el mito y transparentar todo el ejercicio de ese millones de pesos, pero se requiere voluntad y como están las cosas, es casi imposible que sea así y sigamos tejiendo mitos y más mitos, todos geniales.






















