Los hechos accidentales del jueves anterior que son de sobra conocidos en el estado, país y en el exterior, son lamentables, pero no deben ser motivo de lucro político coyuntural, ni convertirse o transformarlos en arma, en ariete o catapulta para negociar en la lucha política que se ventila en estos días en el estado.

El suceso es a todas luces circunstancial, como lo son todos los accidentes; solo los muy perversos y que pueden controlar el tiempo y a  todo tipo de protagonistas pueden y están en condiciones para prever los accidentes y resolver situaciones planeadas – finalmente, nada resulta como se planeó -, hechos realmente imposibles, increíbles, aunque la series de televisión “Misión Imposible” y las producciones cinematográficas sobre esta serie así lo establezcan. Y, complementariamente, a pesar de lo expresado por Albert Einstein, “El azar no existe; Dios no juega a los dados”, los hechos muestran que sé existe y que una cosa son los hechos, las actividades normales de la naturaleza y del hombre dentro de la sociedad, todo sujeto a las leyes de la misma naturaleza y sociedad, que actúan en de los acontecimientos, pero las leyes de la física, química, matemática y demás, le confieren un efecto y dirección indeterminados que determina que los eventos sean de determinada e irrepetible configuración.

Al no existir el juego de dados, y la presencia del azar, de la suerte, que preguntara Napoleón, ¿existe el Determinismo, el Fatalismo, el hubiera?

Adicionalmente, y usando el tiempo “hubiera”, del Modo Pendejativo, si las cosas hubieran sido de otra configuración, seguramente los acontecimientos hubieran tenido otra terminación, pero como el hubiera no existe, fueron como fueron y nada podrá cambiarlos.

Es muy lamentable lo que pasó y es deseable que no se repita, por lo menos en una generación o dos.

Ahora, ¿quiénes pagarán los resultados?

Está una víctima inocente, accidental: el conductor del transporte, pero tiene atenuantes. Él NO preparó la falla mecánica; acaso su culpabilidad o su responsabilidad haya sido el no vigilar que a la unidad se le cumpliera su programa de revisión de mantenimiento y verificación del estado mecánico del equipo rodante. Aquí es responsabilidad de la empresa y ella se convierte en co-responsable o co-culpable.

¿Y las unidades destruidas, los seguros se pondrán de “a  pechito” para pagar las primas aseguradas? ¿Las pólizas cubren este tipo de accidentes, con este tipo de aditivos circunstanciales, los bloqueos?

El operador de la unidad es la víctima propiciatoria, como en el reciente accidente – y muy semejante – de San pedro Xalostoc, donde una pipa-salchicha, por evitar un cerrón,  transformó todo en un infierno. La lucha será para largo.