Está visto que las ideologías están en franca retirada o desuso; está de moda lo inmediatez, lo práctico, lo útil; tal vez no sea moral ni bueno, ni malo, pero se hace y punto. Lo vemos en el cambio que se viene dando al buscar todos el Centro: la Derecha se encamina hacia la Izquierda y la Izquierda se corre hacia la Derecha, todos luchando por tocar el centro del espectro ideológico, lo que informa y demuestra que las batallas ideológicas no lograron, ni la transformación social, ni el bienestar familiar-individual prometidos, sino un estancamiento, un impasse, maleable, en el desarrollo del país.
Y así estamos “bien”: La sociedad, mayoritariamente, no se define: cada uno de los 3 partidos mayoritarios tiene una parte del poder – un tercio de la votación=en tercio del poder – y no ha podido convencer a sus partes. No hay una mayoría que decida, sino tres minorías que no han podido imponer su punto de vista. Un análisis más a fondo puede mostrar que el pluripartidismo nos condujo a esta inoperancia del sistema político-partidista. Después de la alternancia se dio el fenómeno con más fuerza: los partidos que no alcanzaron mayor representatividad y fuerza por los resultados electorales consideraron que su misión era impedir que el otro, o los otros, tuvieran éxito.
Todo tipo de reforma, en este caso, y sirve como ejemplo, las llamadas reformas estructurales, se negocian, ante la imposibilidad, incapacidad e incompetencia de la política, de la práctica política. La situación es clara: si se quiere avanzar, si se quiere cambiar, ante la falta de solidez del grupo-partido en el poder para imponer, se negocian.
Esa negociación implica un pacto, un acuerdo, que suple a la ideología, para poder operar los cambios y entre los cambios necesarios desde hace tiempo para avanzar política y socialmente.
Varios son los cambios necesarios en la representatividad; uno de ellos es la cuestión de los plurinominales, que son real y prácticamente un regalo a la burocracia de los partidos para mantener viables a sus directivas y grupos de poder. Esta es una de las razones de que no surjan nuevos liderazgos y se anquilosen los partidos ante la evidente indiferencia y el amplio y profundo distanciamiento entre sociedad y partidos.
Otro, es la llamada Segunda Vuelta en las elecciones. Sería una de las formas de romper este estancamiento, este impassse que el pluralismo, el inmovilismo político partidista ha producido y que ha frenado toda posibilidad de cambio. ¿Qué sale muy y más caro? Sí, pero se ganaría en legitimidad y se le daría al electorado nueva posibilidad de reafirmar rectificar su voluntad y sería solamente entre los dos candidatos con mayor votación, siempre y cuando no se superara la mitad más uno.
Otro más, la reelección de legisladores, que podría provocar una verdadera representatividad de los segmentos sociales.
Por el bien del país y la dinamización de la sociedad es necesario salir del estancamiento e inmovilidad generados por la indefinición mayoritaria y tercerización de la sociedad nacional.






















