Nuestro estado lleva por lo menos una semana ocupada por lo menos por seis mil elementos de las fuerzas armadas nacionales – AFIs, PGR, Ejército Nacional, Marina y CISEN, más los elementos policiacos estatales en funciones de seguridad, patrulla urbano y de rescate de las condiciones de tranquilidad, paz y estabilidad de la sociedad michoacana.
Autoridades de los dos, acaso tres, niveles de gobierno, declararon sobre la intención, equipo y convoyes de elementos militares; las imágenes dieron vuelta al mundo, si se quiere magnificar los hechos; también, por las mismas vías y con la misma amplitud, se conocieron los hechos inaceptables por lo chusco e inédito, aunque anecdóticos, sobre retenciones, detenciones y conversaciones de personal militar por Guardias Comunales, comunitarios, autovigilantes, de X, Y, Z poblaciones; de cambio de armas por componentes electrónicos, por dinero, por…
Ciertamente, la zona más crítica, la ahorcada, la cercada por los malosos, ahora y desde el mismo día, está comunicada; tiene salidas y llegadas de autobuses; ya hay tráfico de suministros de todo tipo, aunque la zona es casi autosuficiente, menos en medicina, equipo y víveres específicos y, dicen, se percibe, se “siente” seguridad, Incluso los guardias comunitarias de algunas poblaciones entregaron a los militares detenidos y todo está en paz.
Pero y ¿los malosos?
Pero ¿y los delincuentes organizados?
Los que pedían cuotas, los que extorsionaban, ¿dónde están?
Los que trafican con el dolor humano, con la economía familiar, con los tóxicos, con los enervantes, los chantajistas de familias, empresas, negocios, transportes, ¿qué se hicieron?
Entonces, los decapitados, los ajusticiados, las mantas, los embolsados, los descuartizados, los narcomensajes, los incendiarios de autobuses, los atacantes incendiarios de gasolinerías o fueron un mito genial o un hecho surrealista o un gran montaje de producción televisiva-cinematográfica o ficción… ¡porque no hay nada!
Ahora bien, si todo se redujo a un ejercicio muscular de fuerza del Estado para reafirmar su compromiso de cumplir el pacto social no escrito y recuperar la autoridad perdida, por omisión y descuido, entonces todo lo que vimos, pasó y está registrado, ¿Qué fue? ¿Qué se hará o por qué se montó? ¿Para justificar qué? Y en estos casos, ¿por qué nos manipularon? O si todo fue real y sí fueron comportamientos tipificables como delitos, ¿dónde está el trabajo de inteligencia del Estado para actuar y detener a los culpables? ¿O qué hay detrás?
Hasta el momento toda esta ocupación militar está siendo como la fábula de Arreola: El parto de los montes… ¡Ni un ratón, ni un charalito!
DADO QUE AFIRMARON QUE EN UN MES YA HABRÍA RESULTADOS… ESPERAREMOS.






















