El pasado miércoles, el gobierno de la República y de los estados y acaso, algunos de los gobiernos municipales, hicieron un reconocimiento al Maestro, al profesionista de la docencia que cumple su función, por vocación y con responsabilidad en la formación de las nuevas generaciones, tal vez sin saber que con el cumplimiento de esa responsabilidad está cumpliendo el texto constitucional de que nuestros servicios educativos estén caracterizados por un profundo criterio y espíritus democráticos, considerando a la democracia no únicamente como una estructura jurídica y un régimen político, sino como un sistema de vida fundado en el constante mejoramiento económico, social y cultural del pueblo; en otras palabras el profesor – de todos los niveles y de todos los tipos: malos, regulares, buenos, magníficos y excelentes – es la herramienta usada por el Estado para realizar el cambio social, el mejoramiento social y la transformación cultural de todo el pueblo mexicano.
Ese es el trabajo del Maestro y está obligado a cumplirla con responsabilidad y eficiencia, únicamente con eso. Por esa razón el Estado estableció programas para estimular la eficiencia docente que por su burocratización e incumplimiento de las funciones directivas y de revisión y supervisión, se ha visto obligado a crear y operar programas llamados de “calidad”, característica de eficiencia que el docente está obligado a entregar de forma natural.
Es justo el reconocimiento y bien venido, aunque sea en esta etapa en la que acciones de grupos representativos del gremio docente realizan actos fuera de la legalidad, cubriéndose con vestidos de la mejoría salarial y la reivindicación académica, mas así como al no deseados profesionistas, también los hay buenos, excelentes y magníficos y en la balanza de los resultados pesan más los buenos que los deficientes y/o mal usados.
En el acto oficial el gobierno de la República hizo una necesaria precisión: el Estado mexicano no privatizará los servicios educativos. Es una perversidad y una torpeza no únicamente pensar, si no suponer y sostener que los servicios educativos serán privatizados por el Estado; como nunca antes, las instituciones públicas educativas de todos los niveles, desde el preescolar, primaria, secundaria – en sus diversos tipos -, preparatorias – en sus diversas modalidades – y universidades, tecnológicos y normales funcionan en todo el territorio nacional; la perversidad es mayor porque manos extrañas siembran esa idea y la estimulan y lanzan a los jóvenes a sostener una bandera que la realidad la convierte en insostenible.
En ese acto se manifestó un hecho bastante importante: El Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación dio el respaldo a la reforma educativa y con ello mostró su incorporación, su colaboración y su adhesión. Esta reforma educativa, como cualquier otra que venga o que haya sido, será – y fue – posible con el respaldo de la organización laboral legítima. NINGUNA REFORMA EDUCATIVA PASARÁ SI NO TIENE EL RESPALDO, LA COLABORACIÓN Y LA PARTICIPACIÓN DEL SINDICATO.
En nuestro estado, en estos momentos, como sucede cíclicamente cada año, los alumnos de las escuelas normales públicas – con los batallones de los trabajadores afiliados a la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación – sección XVIII, de los contados estados en los que tienen peso y fuerza “política” y capacidad de convocatoria – están en lucha por repetir las conquistas del pasado: plazas, empleo automático; se escudan en el sobado lema de rechazo a la reforma educativa y el NO a la privatización de la educación pública. Su docilidad no les permite el Libre Examen, el pensar – porque están mal guiados en sus escuelas – que están reclamando algo que es imposible de suceder y que ellos son muestra y ejemplo de las bondades del sistema y de la educación gratuita. El Estado bien podría con un simple movimiento atender y resolver esta situación, pero no lo hace porque confía en la presencia de la sensatez de los jóvenes y en la deseada rectificación de sus posturas, pues sus lemas de lucha están resueltos desde su expresión y el fondo del asunto: la entrega automática de los plazas – su empleo al terminar su carrera – es un hecho violatorio de la Constitución Política Federal. En la ceguera de su inexperiencia y falta de guía, sirven de carne de cañón a intereses políticos que luchan por conservar beneficios lesivos al grupo magisterial y que se les otorgaban por la presión y por servicios prestados al quien los contratara.
Está visto que las actuales escuelas normales no cumplen su función, en base a las necesidades de la sociedad de estos momentos; el Plan de estudios y los Programas correspondientes deben ser reformados y al personal docente de las escuelas normales invitarlos a severas acciones de capacitados, formación, actualizados y superación profesionales. ¿Cómo es posible que rechacen computación? ¡Por Dios! ¿Y el Inglés?, que aunque no se quiera, es la creciente herramienta comercial del globalizado mundo presente. Es una incongruencia.
En síntesis, la educación normal – todos los que la constituyen – y lo que signifique, deben ser reformados y crear otra configuración. Es posible que esté por presentarse una reforma total, una revolución en la educación normal y esto que estamos viviendo y sufriendo, sea la punta del iceberg de quienes no quieren el cambio y su actuación es porque lo presienten, pero ignoran por dónde y cuándo y cómo será.
Para muchos será discutible, pero no para algunos: el cambio de la sociedad nacional empieza por los Maestros, por la escuela – sea del nivel y tipo que sea – y si los Maestros y la escuela-planes y programas de estudios – no están configurados-enlazados y conectados en la misma frecuencia que la realidad nacional, los presupuestos asignados a la Educación que haga el Estado será un gasto y no una inversión y se irán a la coladera y los proyectos, planes y programas de transformación social nacional fracasarán.
Para alcanzar lo establecido y deseado por el artículo 3° Constitucional y la actual reforma educativa.es prioritario y esencial transformar la educación normal y capacitar y actualizar a los docentes de educación básica.






















