Las madres son nuestra primera guía y las que nos dan enseñanzas que nos orientan toda la vida.
La mayoría de nosotros siente amor por nuestras madres. Algunos desarrollamos admiración, quizás por el esfuerzo que hicieron para criarnos, especialmente cuando nos enfrentamos a esta difícil tarea con nuestros propios hijos. Seguramente, muy pocos veamos a nuestras madres como ejemplo de líderes.
Solemos ilustrar el liderazgo con grandes personalidades, acciones heroicas o historias extraordinarias, cuando podemos encontrar lecciones en quien nos dio, entre otras cosas, la vida.
Las organizaciones buscan desesperadamente líderes que puedan guiar, retener y motivar a sus talentos. Las nuevas generaciones, como la Ye, ponen en jaque todas las prácticas que les funcionaron a los jefes durante el siglo pasado. La alta rotación y la falta de compromiso son una consecuencia de esta crisis de liderazgo.
Hoy se espera de los líderes que puedan comprender a sus liderados. Que puedan empatizar, ser firmes y claros en su comunicación, al tiempo que usen un lenguaje comprensible con ellos. Se buscan líderes que sepan escuchar, que integren a sus seguidores y, sobre todo, los protejan mientras los ayudan, les den espacio y los acompañan en su crecimiento.
Veamos ahora una verdadera líder en acción, una madre con su pequeño hijo, estimulándolo para desarrollar nuevas habilidades, desafiándolo a superarse constantemente. Podemos observar a la madre estableciendo límites: Comunicándose en el idioma correcto, ya sea a través de canciones, caricias, sonidos o gestos para hacerse entender. Esa madre que se entristece si su bebé se siente mal o que toca el cielo con las manos cuando escucha reír a ese pequeñín, nos da una lección de empatía.
Una madre recorre todo el camino del liderazgo, que comienza con un enorme proceso de autoconocimiento. Pone todo de sí para asegurarse de trazar el rumbo correcto de su hijo. Desarrolla la relación para generar su influencia. Negocia constantemente para que su niño acepte lo que es mejor para él, por ejemplo a la hora de lograr que tome los medicamentos. Resuelve problemas y le enseña cómo resolverlos. Lidera el cambio y el crecimiento. Dedica un enorme esfuerzo a construir la comunicación y a motivar a ese niño, a quien le va delegando las tareas que serán la base de su desarrollo. Por encima de todo eso, le transmite los valores que serán los cimientos sobre los que se construirá el comportamiento de ese futuro adulto.
Imaginemos las organizaciones extraordinarias que tendríamos si los líderes pusieran en práctica todas estas enseñanzas que nos regalan las madres. Especialmente, si los líderes pudieran brindar el amor que las madres dan con tanta naturalidad.
Pensando en las dos madres que amo, mi madre y la madre de mi hijo, les agradezco que sean un gran ejemplo para mí.
























