Desde hace años se afirma que México es, o esta por ser, un “Estado fallido”; percepción en mucho basada en apreciaciones meramente subjetivas, pero también en mucho fundada en parámetros mensurables.
La discusión sobre si México es o no, un “Estado Fallido” se ha acentuado desde mediados del sexenio de Felipe Calderón, cuando los resultados de la lucha en contra del crimen organizado no mostraban, y de hecho nunca han mostrado, los resultados esperados; en cambio si se agudizaron, y mucho, los problemas de inseguridad, violencia, secuestros y lo mas grave, aparece la pérdida de control en amplias zonas del país. El problema ha sido más evidente en algunos estados como Tamaulipas, Chihuahua, Morelos, Veracruz, Guerrero y Michoacán. Pero también han resultado afectados estados como Durango, Sinaloa, Zacatecas y se debe aceptar que nunca ha desaparecido del todo la violencia que desde finales del siglo XX padece Jalisco. Por si algo hacia falta nos llega la noticia de que Acapulco está ya considerada una de las ciudades mas violentas y peligrosas del mundo.
A nivel República se puede afirmar que los anteriores Estados, en mayor o menor grado, tienen características de “estados fallidos”. Pero lo grave es que, en el ámbito mundial, México, como país, comienza a ser considerado por algunos analistas como “Estado Fallido”. Si bien no en el mismo nivel de Somalia, Guinea o Sierra Leona, sí en los niveles de Pakistán.
Pero vayamos por partes, primero ¿Qué debemos entender por “Estado fallido?. La definición y su consecuente explicación son lo suficientemente largas como para llevarse varios artículos de respetable extensión. Sinteticemos: El término “Estado fallido” ha sido empleado para describir un Estado que, por la razón que sea, ha fallado en la garantía de servicios básicos. Engloba fenómenos tan complejos como la ineficacia administrativa, gubernamental, vacíos de poder local, violencia regional y falta de resultados del sistema político.
Una estructura, Fund Of peace (Fondo por la Paz), que publica anualmente el índice de estados fallidos en la influyente revista Foreign Policy, ha propuesto, entre otros, los siguientes parámetros para evaluar a los Estados: Pérdida de control físico del territorio o del monopolio en el uso legitimo de la fuerza. Erosión de la autoridad legítima en la toma de decisiones. Incapacidad para suministrar servicios básicos y finalmente Incapacidad para interactuar con otros Estados, como miembro pleno de la comunidad internacional.
Un Estado fallido se caracteriza, entre otras cosas, por tener un gobierno tan débil o ineficaz, que tiene poco control sobre vastas regiones de su territorio, no provee ni puede proveer servicios básicos, presenta altos niveles de corrupción y de criminalidad, grandes grupos de desplazados y una marcada degradación económica. El ejemplo máximo es Somalia.
En otras palabras, es un Estado ineficaz, que tiene solo un control nominal sobre su territorio por existir grupos armados que desafían la autoridad del Estado, y que no puede hacer cumplir las leyes debido a las altas tasas de criminalidad, a la corrupción de su sistema, a un extenso mercado informal, una burocracia incompetente y una notoria ineficacia judicial.
Pero vayamos a lo que nos importa, ¿Es Michoacán una entidad fallida?, ¿O solo un Estado torpe?. Para averiguarlo debemos observar al Estado en forma objetiva y critica.
Existe en Michoacán, imposible negarlo, un desarrollo económico muy desigual, coexiste un pequeño grupo de personas, dueños de una riqueza insultante de origen digamos nebuloso; una clase media progresivamente descendente y una inmensa mayoría de familias que lindan en la pobreza o de plano en la miseria. Pero el problema más grave, tanto en Michoacán como en otros estados, es el surgimiento de una especie de “Gobierno paralelo” encabezado por el crimen organizado, mismo que, ejerciendo funciones de “autoridad”, se encarga de cobrar y vigilar, pero que también proporciona empleos y diversos servicios sociales que el Estado sencillamente no puede ofrecer. En Michoacán es inocultable que las estructuras del crimen organizado operan en paralelo con el Gobierno Federal y Estatal.
El problema no es reciente, viene desde los sexenios de la noche priísta. Se dejó crecer por así convenir a personajes de alto peso político y económico. Los funcionarios de esa y esta época no pueden alegar ignorancia, no hay inocentes entre ellos.
Y para fines prácticos da igual si Michoacán es un Estado fallido o un Estado torpe. Es un Estado jodido “manejado” por elementos de probada incompetencia y comprobable temor.
Add. Patéticos o ridículos, los llamados a la “cordura” que hacen la autoridades en Michoacán.
























