Nuestro estado, desde hace sus buenos años, si gusta desde que se empezó a utilizar en esta época “contemporánea”, de la pluralidad político-partidista y diversidad ideológica – allá por 1988 -el término democracia directa,  ha sido caracterizado como un estado bronco, hostil, violento, dispuesto a la confrontación, a la movilización político-social; ya hasta nos acostumbramos a esos indicadores, siendo ya parte del paisaje urbano, rural y social.

Pero pareciera que a partir de esta administración de alternancia y deseada transición política, esos indicadores se agudizaron y son cotidianas  sus manifestaciones y aun más cuando en el este momento está el epicentro de la solicitud de licencia del Ejecutivo estatal por hasta noventa días para atender asuntos de su salud.

Como si no hubiera gobierno, los puntos rojos – en cuanto a la cromatización de movilización – dieron muestra de fortaleza, músculo y poder de convocatoria y asediaron a las estructuras de gobierno y del estado, que los dejaron hacer y dejaron pasar, sin importar lo que al tejido social le pasara y le preocupara. Poco importaron los escenarios de cada segmento poblacional, ni sus responsabilidades, ni las emerge3ncias, ni las circunstancias propias de cada uno.

Tal parece que a las estructuras del gobierno, de la administración – los diferentes grupos que la conforman – los partidos políticos y sus protagonistas, les interesaba avanzar en la ampliación, conservación de sus cotos de poder, que en la situación que se vivía en la ciudad y en varias zonas geopolíticas del estado.

¿A quién beneficia esta situación?

¿Por qué se deja hacer y se deja pasar?

¿Quién tiene, coloca –pone al gobierno de rodillas?

¿Esto es ejemplo de ingobernabilidad?

¿Es  muestra de vacío de poder?

¿O qué es?

¿Es un nuevo tipo de lenguaje, de comunicación sociopolítica?

Es sumamente extraño, pues el gobierno, un nivel del Estado, es quien tiene el legítimo uso de la fuerza legítima  para cumplir su responsabilidad social y si no puede, si es incapaz o si es una estrategia  muy de alta política, pues que dé muestras de eso: de actitud, de movimiento, porque estas movilizaciones no son de inseguridad, ni de delincuencia organizada…son de subversión social y si no lo son, les falta muy poco para serlo…

Como sea, debe darse una muestra de que el Estado no ha sido rebasado, pues si por desgracia así es – que haya sido rebasado -, más adelante está el precipicio social y se mostrará que no hemos aprendido de nuestros errores.

Aun es tiempo de detener este movimiento. Y si no se puede, ahí están las legendarias  expresiones  de Nelson Vargas y de Martí.