Los hechos del estallido de dos bombas en Boston; Massachusetts, U.S.A., son muestra del nuevo tipo de guerra internacional o entre los países del Primer Mundo y su casi eterna disputa    hegemónica.

Se dijo que se trató, i8nicialmente, de cinco bombas; dos de ellas explotadas, accionadas por un celular y  por dos sujetos, varones, de raza caucásica; una más que, controladamente,  se hizo detonar y, lo que se filtró, las otras dos fueron bloqueadas por los equipos especiales contra este tipo de ataques, cerrando-bloqueando  el espacio cibernético de toda la zona. Por supuesto, poco después se rehízo la información y se habló solamente de dos artefactos de fabricación, supuestamente, casera.

 

Sea o sea cierta esta información, sí es un hecho que ahora se tiene varios tipos de guerra: la Convencional, la atómica, la termonuclear, la  químico bacteriológica y, ahora, la cibernética.

Llama la atención la rapidez con que se tuvieron imágenes y al tener imágenes, se tuvieron  nombres y se obtuvo todo lo demás: los sospechosos ya están detenidos; en lo referente a las llamadas pro celular, con la novísima tecnología de la comunicación aplicada a la información y a las cuestiones de inteligencia  de seguridad y de tantas aplicaciones que el Estado puede darle, es poco probable que un hecho de esta naturaleza pueda quedar impune.

En relación con la nueva forma de guerra – cibernética -, todo empezó cuando en 2005 con el alumbramiento en laboratorios de Estados Unidos y/o de Israel – los especialistas creen que pudo ser un trabajo conjunto, la operación Juegos Olímpicos – del virus STUXNET, que cuatro años después, con un modelo mucho más sofisticado   , saboteó al programa nuclear de Irán, empeñado en una carrera según los aliados, al infectar las computadoras que controlaban sus máquinas centrifugadoras en la planta de Natanz, necesarias para enriquecer uranio hasta el nivel óptimo para una bomba.

Esa fue la primera ofensiva que se desarrolló en el ciberespacio, sentando un precedente para la nueva carrera bélica del siglo XXI y eso que se ve en las películas de acción y de ciencia ficción, ya es una incipiente y casi desconocida realidad, en la que los protagonistas alistan un arsenal inédito y acaban de esbozar, en el Manual de Tallin, un cuerpo de normas éticas – si hay algo ético en este tipo de guerra y en cualquier otra – que consideran a los civiles  hacktivistas blanco legítimo  de los uniformados, además de pedir respeto a las infraestructuras básicas para la población, como los hospitales y el suministro de aguay energía eléctrica y combustibles, pero en esta nueva forma de guerra, todo lo que esté vinculado, con un sistema informático, es blanco.

Pese  a que para los críticos borra la línea entre paz y guerra, facilitando la escalada con armas convencionales, no hay duda de que este Manual de Tallin marcará las pautas en este tipo de guerra en un medio que se transforma rápida y constantemente para la Casa Blanca, que ve a las amenazas en la red como EL MAYOR PELIGRO QUE ENFRENTA ESTADOS UNIDOS.