SIN MAQUILLAJE Por Etelberto Cruz Loeza.

El tema de la migración, legal e  ilegal, de mexicanos  a los Estados Unidos es legendario: arranca desde la Colonia; no se resolvió con la Independencia y sí se agravó, a tal grado que se convirtió en política de colonización y posteriormente en punto de negociación hasta conseguir la separación  de nuestra Federación e incorporación al gobierno de los Estados Unidos, con guerras de por medio y exigencias económicas por daños y perjuicios a sus connacionales; estamos hablando antes de 1847, pues su victoria en esa época nos marcó para toda la Historia Patria y con el agravante de que nuestros vecinos se fueron convirtiendo en potencia, primeramente americana y posteriormente, mundial, la relación entre ambos países fue traumática desde ese momento,  y lo sigue siendo hasta nuestros días.

 Uno de los resultados automáticos del triunfo de las llamadas fuerzas democráticas del Mundo libre en las dos guerras mundiales del siglo XX fue la transformación, y conversión,  de los Estados Unidos en la primera potencia mundial: esa etapa fue la que inició formalmente la relación laboral de nuestros paisanos que deseaban trabajar en el llamado paraíso americano y tierra de sueños; es tan conflictiva esa relación que aun existen problemas de pago para  la primera generación de mexicanos que se fueron a laboral en su industria, servicios y  agricultura en tiempos de la IIa. Guerra Mundial y aun no les pagan ni les pagarán.

 Ha sido tal el torrente de trabajadores que anualmente se van, legal  o ilegalmente, y que enriquecen a ese país, que se ha intentado permitir su ingreso legal, pero no ha sido posible y año tras año, por la convertibilidad de su moneda y por sus prestaciones laborales, económicas y sociales, las olas migratoria no paran, a pesar de los denodados esfuerzos para detenerlas; se han levantado muros y  cortinas metálicas, usado todo tipo de excentricidades tecnológicas, pero no para la inmigración ilegal.

 Este asunto, la migración ilegal de mexicanos fue, es y será, piedra central de nuestras relaciones bilaterales – otras, el agua fronteriza del río Bravo, el combate al narcotráfico, el contrabando – de armas, principalmente – y el TLC.

 Uno de los estados de la Unión que trató de detenerla por la vía legal es Arizona, quien bajo las indicaciones de su gobernadora Jan Brewer, propuso una ley que entrará en vigor el 29 del presente, que ha recibió el rechazo de todos, siendo legal y soberana, lo que se reconoce, por ser  abierta y totalmente antihumana y contra los derechos humanos, sociales y laborales de las personas que ilegalmente ingresen a su territorio, pues los criminaliza.

 El pasado martes 6 del presente, el presidente de los Estados Unidos, por medio de su departamento de Justicia, presentó querella contra la SB 1070 de Arizona para impugnar su constitucionalidad; esta demanda fue interpuesta ante el Tribunal de Distrito de Phoenix y sostiene que esa legislación estatal usurpa la autoridad federal … En nuestro sistema constitucional, el gobierno federal tiene la autoridad preeminente para regular los asuntos de la inmigración. Esta autoridad deriva de la Constitución de los Estados Unidos y de numerosas leyes del Congreso. Las leyes sobre la inmigración en el país reflejan un cuidadoso y meditado equilibrio de las leyes nacionales, las relaciones internacionales y los intereses humanitarios.

El futuro inmediato de la ley SB1070 está en manos de la juez federal Susan R. Bolton, quien deberá decidir antes de su entrada en vigor – el 29 del presente – si se suspende o no su entrada en vigor.

La gobernadora, afirma que defenderá duramente su legislación.

Debemos esperar la siguiente definición, pero la lucha será bastante larga y difícil.  Â