SIN MAQUILLAJE Por Etelberto Cruz Loeza

Desde la llegada o construcción, o como se le quiera decir, de la alternancia/transición política o a la determinación  del Estado de conceder voz y voto a las minorías político sociales – desde la reforma de Jesús Reyes Heroles – y, de pasada y pilón,  electorales, los partidos en el poder, o en disputa del poder, han utilizado con fines y rentabilidad política  las expresiones de fuerza, todas relativas, de esas minorías y como les han resultado ganando los procesos electorales, cuando llegan al poder, de manera mayoritaria, o construyen la mayoría y obtiene la gobernabilidad de los H. Congresos locales,  bajo toda circunstancia tratan de cumplirles y eso ha dado al traste con varios cambios en lo establecido por lo rutinario, lo clásico y el llamado stablishment y que pueden ser considerados, por muchos, como aberraciones sociales y atentados contra lo establecido por la naturaleza y algunas religiones.

En ese marco se debe ver,  y aceptar, las leyes que la Asamblea de Representantes del Distrito Federal ha logrado, como los matrimonios de adultos del mismo género y sexo, con el agregado de la posibilidad de adopción.

Por el lado de la política electoral, están varias conquistas, como el voto para elección del presidente de la República para mexicanos residentes en el extranjero, que aun siendo sumamente costoso se mantiene en el encaje legal electoral Federal.

 En el ámbito local, recientemente una corriente de residentes en los Estados Unidos de origen michoacano y, acaso de grupos de migrantes ilegales o empapelados o indocumentados, – se desconoce cuántos son, de qué universo se está hablando -  expresaron su deseo, su exigencia, de tener en nuestra legislación electoral el derecho de voz y voto en las próximas elecciones locales.

 Es muy posible que por ser una fuerza de expresión, tal vez con respaldo de sus inversiones y/o aportaciones para las campañas político-electorales de los llamados protagonistas, particularmente perredistas,  esta exigencia se trate en alguna de las deliberaciones en el H. Congreso del estado y sea motivo de una discusión que podría conducir a una legislación en ese sentido: conceder voz y voto  de adultos residentes en los Estados Unidos de origen michoacano.

 Haciendo a un lado los intereses  de este foco social, de mínima fuerza política, cómo es posible que adultos, residentes en otro país, con derechos y vida  activa en otro país, por los simples hechos de tener familiares en el estado y  credencial, con fotografía,  para votar, que no viven  ni trabajan ni pagan, normal, y rutinariamente, impuestos, derechos, productos y aprovechamientos, vayan a tener derechos políticos en nuestro estado, si únicamente vienen de visita y allá de vez en cuando. Si ellos, en última instancia, no sufrirían los efectos de sus equivocaciones político- electorales.

 Eso sería una verdadera aberración política y contraria al sentido común.

 Es aceptable que esa fuerza argumente  derechos políticos, que la tesis es sumamente discutible, pero ¿El partido el poder tendrá la suficiencia político electoral para convencer a la oposición? 

 Como se dice que todo está en venta, y que la suma de las minorías hace la mayoría, podría ser, podría ser, lo que sería un contrasentido.