SIN MAQUILLAJE …  NÚMEROS y PERCEPCIONES (1)
Por Etelberto Cruz Loeza

NACIONALES. A más de una quincena de las elecciones  del 4 de julio aun está en la agenda nacional el repiqueteo del quién ganó; para la inmensa mayoría de analistas bisoños, e iniciados, quienes ganaron fueron el PAN y el PRD; pocos realizaron reflexión poco más profunda.

Luis Pazos, panista de sangre azul plus, escribe: “Antes de las elecciones estatales de julio del 2010, el PRI gobernaba a 62.3 millones de mexicanos en 19 estados; después de esas elecciones gobernará 55 millones.  Perdió más de 7 millones  de mexicanos bajo su competencia estatal, es decir un 13%. Antes de las elecciones el PAN gobernaba a escala estatal a 21.5 millones de personas. Después de   las elecciones gobernará a 31.1%; cerca de 10 millones más. Aumentó en un 44% el número de ciudadanos…” Antes de entrar en detalles preguntaría al señor Pazos, ¿los candidatos ganadores son panistas y/o perredistas? ¿Con quiénes gobernarán? ¿Y con quién acordará, federalmente? ¿Y el PRD, dónde quedó?   Si hay, las ideologías quedaron confusas y confundieron. Quién las pensó, y aceptó, querían evitar la permanencia del PRI.

Sin ofender, todos los que consideran que tanto el PAN como el PRD ganaron, poblacional, política y partidistamente, el pasado 4 de julio, con el triunfo de su candidato a gobernador están viviendo en época electoral pasada, cuando el titular del Ejecutivo estatal tenía y conservaba indisputablemente, únicamente, verticalmente y absolutamente el poder. Usaban, disfrutaban y abusaban  del Pinche Poder, como se dice que dijo Fidel Herrera.  Aunque no guste, ya no son esos tiempos. Vivimos en esta época de juego del otro poder: El poder Legislativo. Ese es  el otro peso que sirve de contrapeso y equilibra y, en ocasiones, hasta  inclina la balanza. En países con vida más democrática cuando la gobernabilidad de la H. Cámara está en poder de la oposición, el Primer Ministro, o gobernante en turno, obligadamente renuncia.

Vayamos a esos números de los cómputos de mayoría relativa, extraoficialmente, en espera de que las instituciones electorales  los precisen: En el estado con mayor grito y sombrerazos: Oaxaca, el PRI obtuvo el 88% de la H. cámara de diputados; el PRD y el PAN y otros partidos, 12%. Los diputados de representación plurinominal bajarán en  peso y porcentaje de representatividad, pero la mayoría natural y gobernabilidad del H. Congreso oaxaqueño los tendrá el PRI. En Aguascalientes, el 90% del peso de la H. Cámara la tendrá el PRI; igual que en Oaxaca, los pluris bajarán su peso político y representatividad, pero mayoría natural  y gobernabilidad  de la H. Cámara serán priístas. La oposición  en alianza y/o individualmente, tendrá el 10% del total, natural minoría. En Zacatecas, el PRI tendrá el 66% del peso político y representatividad político electoral del H. Congreso,  por lo que tendrá mayoría natural  y gobernabilidad de la H. Cámara; los otros partidos,  sumados tendrán el 30% y serán natural minoría, con todo y las pluris. En Hidalgo, el PRI  obtuvo el 80% de diputados; mayoría y gobernabilidad del H. Congreso serán priístas. Los otros partidos se repartirán la natural  minoría: serán nanopartidos, que, con todo y pluris, ni sumándose podrían equilibrar la balanza.

En Veracruz, el PRI tiene más del 70% del peso y representatividad de la H. Cámara de diputados, por lo que tendrá la mayoría natural y la gobernabilidad del H. Congreso.  Los otros partidos, ni en alianza, menos individualmente, podrán equilibrar la balanza.
En Baja California y Tamaulipas, el PRI obtuvo lo que se considera malo y se oye raro: Carro Completo y/o zapato: En los dos estados tendrá el total control de los H. Congresos locales La oposición no existió. En Chihuahua,  el PRI obtuvo el 70% del peso y representatividad de la H. cámara de diputados: La mayoría natural y la representatividad  en el H. Congreso local.  Aunque perdió Chihuahua, conservó Cd. Juárez. La oposición, en alianza o solos, tiene la natural minoría.

Lo nuevo son Puebla y Sinaloa: En ambos estados la pelea por el peso político y representatividad político-partidista en el poder Legislativo está  de fotografía: casi 50% para cada fuerza. Esos estados serán laboratorios políticos, porque se dará el caso de un gobernador propuesto por fuerzas, fundamenta, esencial y filosóficamente  contrarias, que tratarán de tener el control del H. Cámara con un Ejecutivo con formación, relaciones de poder, compromisos y cuadros priístas. Habrá qué ver para reflexionar y aprender. En Veracruz se operó el modelo de lo que serán las elecciones de 2011: toda la fuerza del Estado-gobierno-grupo para evitar que el PRI gane estado de México y el PRD conserve Michoacán. Hay más en juego que el simple ganar.

Otros números más fríos: el Partido Nueva Alianza – PANAL –  obtuvo vía electoral, importantes posiciones en 8 de los 14  estados en lo que hubo elecciones. Triunfó con candidatos propios y en forma compartida, en alianzas con el PAN, con el PRD, con el PVEM y con el PRI en Aguascalientes, Chihuahua, Durango, Hidalgo, Puebla, Tamaulipas, Quintana Roo y Zacatecas. El PANAL está tomando tal fuerza que es muy posible, y probable, que en las elecciones federales del 2012 se convierta en fuerza política nacional de tal magnitud que, como están las cosas,  podría disputarle al PRD – del espectro de la llamada Izquierda – y PVEM – de la familia González Torres – la tercera posición, dejándolos sumamente golpeados y dejando el fondo para Convergencia por la Democracia, de Dante Delgado, y al PT, que, incluso, si no cuelgan del tren que aun Andrés Manuel López Obrador, estarían en riesgo en riesgo de perder su registro. La gubernatura de Puebla es la más emblemática, pero se llevaron 2 municipios en Sinaloa, Incluyendo Culiacán; 2 más en Aguascalientes; 3 en Chiapas; 1 en Oaxaca; 5 en Puebla; 3 en Veracruz; 5 en Zacatecas y 3 en Tlaxcala. Es sumamente posible que  en cuanto a diputados  llegue a la cantidad de 45 o se acerque a 50 legisladores panalistas. Se puede afirmar sin equivocación que ella Sí triunfó el 4 de julio.

Ahora, por partes: primero fue victoria de la participación. Contra viento y marea de la inseguridad, quienes votaron, más de la mitad del padrón, hicieron valer su voto y se quitaron  la herencia de cacicazgos bastante desprestigiados – moral, social, partidista y  políticamente. Segundo, escogieron, de la oferta política, el menos malo, lo relativamente mejor. Tercero, pese a la judicialización de los procesos electorales, se mostró que el voto cuenta y que  en las democracias, en desarrollo o maduras, un voto es, y  debe ser, la diferencia. Cuarto. Se está mostrando que se necesitan – o están por necesitarse – las nuevas figuras de la consulta ciudadana: la ratificación de mandato, la segunda vuelta, el plebiscito y el referéndum. Quinto, quien ganó fue nuestra democracia y nuestra política: decidimos nuestro destino  social y político, en las urnas, no en las calles; mediante leyes, no con inestabilidad pública.