PEDRO ASPE ARMELLA, EN FUNCIONES DE SECRETARIO DE HACIENDA. SEXENIO DE CARLOS SALINAS DE GORTARI.

SIN MAQUILLAJE Por Etelberto Cruz Loeza.

Los pobres, y miserables, fueron, son y serán motivo de atención de los políticos poderosos, de los gobiernos, de los partidos políticos, de los estadistas y de los iluminados y, la verdad, es que nunca se terminarán. Han existido desde la aparición de la propiedad privada y desde el comienzo de las épocas modernas al surgir el vasallaje, la incorporación  de los débiles al más fuerte y al más poderoso y fueron, son y seguirán siendo, centro de programas, proyectos y planes para su at6ención y hasta configuración central de las llamadas políticas públicas de los gobiernos y grupos en el poder, pero, otra vez la verdad, nunca se terminarán, por la simple lógica y razón, de la vendedora: ¿y mañana qué vendo? Ellos, los políticos, si resuelven el problema de los pobres, qué harán mañana, qué grupo será el centro de sus sesudas políticas públicas y en qué gastarán los chorros y chorros de dinero que se asigna a esos segmentos poblacionales en todo el mundo y en todos los países y Estados.

 En nuestro país existieron, existen y existirán los pobres y los miserables; mas gobiernos y partidos en el poder, de una generación para acá han tratado de disminuirlos, pero, curiosamente, se han multiplicado exponencialmente, en relación directa a los millones asignados para desaparecerla y lo único que han generado son los siguientes hechos tangibles, palpables: el crecimiento de una absurda burocracia administrativa para aplicar los programas instituidos contra la pobreza, el aumento de pobres y miserables y el engrandecimiento, hondura y ampliación de la brecha entre ricos, medianamente pobres y miserables y, finalmente creciente  concentración de la riqueza en muy pocas manos y la dispersión de la miseria en mayores manos más.

 Desde el arribo de los tecnócratas se trató de disminuir la pobreza y establecieron categoría y clasificaciones, así como métodos,  para ubicarlas y  medirlas y lo único que producen es confusión y aumento de los dígitos y deciles  porcentuales de pobres y miserables.  A casi diez años de la llegada al poder y  administración  federal del PAN  dijeron que disminuirían los pobres y miserables y lo cierto es que pobres y miserables han crecido hasta en un 50% de los  números dejados por administraciones y gobiernos federales priístas, a partir de la transición a esta fecha: diez años.
 Casi todas las semanas posteriores a los informes  del INEGI, de la SHCP, de la SEDESOL, del IMSS, de la STPS, la oficina de la presidencia, intensamente  informa y difunde que la pobreza y la miseria están disminuyendo y la catarata de cifras y gráficas  de barras y polígonos de frecuencia  son alud para convencer a la población, a la opinión pública y acaso a ellos mismos que es cierto, verídico y objetivo lo afirmado: la pobreza y miseria disminuyen … son actos del Gran Hermano que reescribe la Historia todos los días y a cada rato.
 Mas la realidad, terca e insistente, ahí está mostrando la verdad.

 Fuera del país se conoce la verdad y hasta recomiendan qué hacer para combatir la pobreza  y obtener mejores resultados: Al hablar en  Foro Económico organizado y realizado por el Banco Mundial, Robert Zoellick, presidente de ese organismo financiero internacional, afirmó: PESE AL AVANCE DE ALGUNAS NACIONES DENTRO DE LOS  OBJETIVOS  DEL MILENIO PARA COMBATIR LA POBREZA, EN LOS ÚLTIMOS DIEZ, QUINCE AÑOS ESTE FENÓMENO SE HA CONCENTRADO EN POCOS PAÍSES COMO CHINA, INDIA, BRASIL Y MÉXICO, QUE NO HAN LOGRADO COMBATIRLA A PESAR DE SUS PORGRAMAS DE TRANSFERENCIAS. UNO DE LOS PRINCIPALES PROBLEMAS DE MÉXICO SON LA DISTRIBUCIÓN DE LA RIQUEZA Y LA REGULACIÓN FINANCIERA. LA MEJOR FORMA PARA SUPERAR LA POBREZA ES LA CREACIÓN DE EMPLEOS Y OFRECIENDO UNA MEJOR EDUCACIÓN A LA POBLACIÓN.

 Nuestro país toma al revés la receta: anualmente registra un déficit de creación de empleos del orden de los 900 mil y disminuye los techos financieros  de las instituciones y organismos  públicos que ofrecen educación y recorta, limita o desaparece programas, planes y proyectos de inversión y desarrollo de la educación, ciencia y tecnología de las mismas instituciones y organismos educativos de todos los niveles y subsistemas que ofrecen educación pública.
ASÍ … ¡NUNCA!