Pero lo más extraño (sin duda alguna gracias a los dioses) es que mientras el país se empobrece los pobres son cada día más pobres, porque los ricos se enriquecen todavía más más. Kaptah, en Sinuhé, de Mika Waltari

He vivido en el Distrito Federal en varias ocasiones por temporadas largas; la última de ellas por casi tres años: 1986, 1987 y parte de 1988; buena parte de ese tiempo estuve hospedado con mi tía Adela, allá por el oriente del D.F., en la colonia Del Sol, a un lado del bordo de zochiaca; en días claros y transparentes los volcanes me daban vista espectacular en colores pastel; en el inicio de ese periodo trabajé con un buen amigo lejano en la secretaría de Gobierno, en el edificio que está entre 5 de Febrero y 20 de noviembre.


Seguramente mi tía notó que mi sueño no era todo lo normal deseado y una madrugada, al levantarme para asearme y salir al trabajo, me dijo: “Hijo, vienes a comer: haré caldo de res” y como eso me envenena, solo le dije…Sí, tía. Avisaré que llegaré un poco tarde y pelé gallo para tomar la pesera que me dejaría en Pantitlán, el Metro y llegar puntual; al regresar, pasaditas las 4 P.M., estaba la mesa del comedor puesta y me sentó frente al ventanal y ahí me acordé: mi tía era cartomanciana; esa práctica=don lo había heredado=aprendido de su mamá, Catalina, esposa de mi tío Nicolás: en el dintel de la ventana estaba la baraja con la que mi tía trabajaba, y se mantenía. Resignado me lamenté, lavé mis manos, me senté y esperé…

“En lo que se calienta el caldito, ayúdame con esto, y tomó el mazo de cartas y la barajeó; me pidió que repitiera un ritual; puso mi mano sobre las cartas y, otra vez, el ritual. A su término me indicó que cortara el mazo; así lo hice y fue colocando cuatro hileras de cartas. Al terminar la colocación, dijo. Aquí estás tú, el rey de Espadas. Y me fue detallando todas y cada una de mis circunstancias del momento: problemas de trabajo, individualizó a mis enemigos, problemas de dinero, me precisó la cantidad que debía, salario, los gastos de comida, amigos, jefe y las condiciones de mi familia. Sin que yo le contara algo, me informó de todo. Al terminar esta lectura, tomó dos cartas del ángulo superior derecho y dos del contario, ángulo inferior izquierdo, las reunió y me fue leyendo su interpretación, que fue una comprobación de sus palabras anteriores, hasta agotar, en diez grupos, la formación; acto seguido, la barajeó otra vez y sin mostrar la cara de la carta fue formando grupos de cinco colocando, primero, una en el centro y ubicando las restantes cuatro en torno a la carta central, formando una flor; al iniciar esta parte, fue corroborando lo que ya me había dicho anteriormente; dentro de las ocho flores me mostró una que tenía en el centro al rey de Espadas y sus palabras ratificaron lo ya afirmado. Al terminar, me dijo…espera un momentito…ven y me tomó del brazo y me llevó al altar de la casa…ahí me hizo una limpia; siguió su ritual, expresó algunas oraciones, me roció de agua, hizo los signos católicos clásicos y pasó sus manos por mi espalda, pecho, extremidades, frente y nuca; yo, expectante, callaba; al término, se santiguó y me invitó a comer, cocido, chile verde en molcajete, frijoles de la olla y tortillas recién calentadas…jamás me pasó algo, ni ahí, ni en ciudad Mendoza, ni en el puerto de Veracruz, ni esta ciudad, ni posteriormente en el estado y buena parte del país.

Pues bien, usted no está para saberlo, pero yo sí, para contarlo, hace justo 2 semanas estuve en el D.F. para atender invitación, allá por el suroeste de San Ángel Inn, cerca del ITAM; llegué el lunes por la noche y a la hora establecida, el martes, antes de las 11 horas ya estaba en el lugar de la cita; esta fue cordial y productiva y pronto me liberé: a las 12.30 estaba afuera pasando frente a al ITAM, rumbo al periférico para tomar el camión que me dejaría en el Metro y ahí decidí ir a verla, ya que había perdido su número telefónico y no teníamos contacto de ningún tipo; compré la tira de 5 boletos- 15 pesos – y me encaminé a la estación Juanacatlán, transbordé y en no más de35’ salía de Pantitlán para tomar la pesera en el andador U, para llegar a su colonia y calle.

Al abrirme la puerta, nos llegó el sentimentalismo…8 años de no saber nada de nada de nadie. Moqueamos un poco y se humedeció la morena piel de su cara de ídolo y la mía, de cartón.

Ya en familia, y con Claudia, esposa de su hijo, intercambiamos números telefónicos mientras ella trabajaba; a su regreso quise despedirme y me dijo: ¡Ah, no hijo!… ¡tantos años sin saber de ti! Vamos a comer…pozole, como en nuestra tierra, pero, antes, ven… ¡me llevó al mismo lugar y me dijo, casi, las mismas palabras: Hijo en lo que se calienta el pozole, ven, te voy a leer las cartas! Y otra vez procedió igual, palabras y rituales. Nuevamente mis circunstancias y escenarios de mi vida. ¡No lo creía! Mi vida, y sus escenarios=circunstancias me han formado escéptico, más fue ¡Increíble! Al término, otra limpia…cerca de las 6 PM, antes de salir, recordé las palabras de Sinuhé! Suspende tu curso, clepsidra, y retén tu agua, porque el instante es propicio y quisiera que el tiempo se detuviese para que este instante durase para siempre!…Me despedí y salí rumbo a Pantitlán y luego a Observatorio, al Autovías y a esta ciudad.

¡Ah!, pero lo que deseaba comunicar es esto: He estado en el D.F. en muchísimas ocasiones, mas en esta estancia percibí, y confirmé, algo: la vida en el D. F se ha precarizado, se ha deteriorado, va en decadencia; paradójicamente las modernizaciones viales, andadores y formas de transportación han desmejorado la vida en sociedad del hormiguero defeño; barrios, colonias, casas e inquilinos se han convertido en guetos.

Acaso por la situación de ingreso, sobrevivencia, subsistencia y calidad de vida, inseguridad, trabajo, resentimiento social, miedo, temor, búsqueda de protección, soledad, percepción de desinterés, castigo/lejanía y vacío de atención gubernamental, pese a la dádiva, y con todo y escolaridad, profesionalización, aculturación/ culturalidad, etc., todo contribuye a precarizar, a desgastar, a encerrarse en áreas sumamente restringidas. Las obras viales, los transportes y los remozamientos urbanos, por la cotidianidad, tienen buen lejos, y/o por la prisa, no se ven los detalles que la cercanía sí muestra: el desgaste de la convivencia en sociedad y el descuido urbano.

En el D.F. existen áreas que, aparte de crecientes basureros, tiraderos y multicolores galerías pictóricas, donde sobresale el negro, son territorio de conductores de líneas de transportes, vendedores ambulantes, mercados sobre ruedas, tianguistas, franeleros, toreros, pandillas juveniles y no hay poder que las rescate – ¿Y para qué? ¡Nadie! Ningún grupo social positivo, transparente, reclama, exige su rescate. !Nada!

Acaso por las mismas razones: miedo y protección, ricos y clase media alta, en un extremo alto, y en el bajo, pobres y miserables, se están recluyendo en guetos, aislándose como minorías y, curiosamente, cuando la tensión social haga crisis y reviente y el destino las alcance, esas minorías altas en sus reservas, serán el blanco de la rapiña y despojo de las de abajo.

Lo más grave es que alguien llenará ese vacío, ese hueco de comunicación-representatividad y ojalá que el que sea no tenga perfil de un Hitler o Mussolini.

Finalmente, si la causal es cuestión económica, el partido político que abandere el cobro de IVA en alimentos y medicinas tendrá costo político electoral muy alto, pues nosotros los pobres y miserables gastamos el 80% en alimentos…si se carga el IVA, ¿qué queda para subsistir con un poco de más dignidad?