SIN MAQUILLAJE …Por Etelberto Cruz Loeza
Desde hace un poco de tiempo en nuestro paÃs, y con bastante antelación en el llamado Primer Mundo, la cuestión de los derechos de les seres humanos homosexuales – hombres y mujeres con preferencia sexual diferente a la establecida por su naturaleza, por su carga hereditaria – ha estado en discusión y en muchos paÃses, por la presión mediática, polÃtico electoral o por las razones que hayan sido, se realizaron cambios en sus legislaciones lo que ha provocado cambios en varios conceptos y rutinas sociales y se han tenido varias reacciones, a favor y en contra de estos hechos sociales.
 Nuestro paÃs no podÃa quedar fuera, inmune de estos hechos y, sobre todo, en el Distrito Federal, donde más se ha atendido a este grupo de presión social, la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, de una manera progresiva, ha alcanzado legislaciones que posibilitan, primero la convivencia de personas del mismo sexo, con derechos civiles; posteriormente, el matrimonio entre personas del mismo sexo, y con derecho a la adopción.
 Estos hechos, que para algunos son avances hacia la modernidad y al respeto de los Derechos Humanos y que para otros son retrocesos, muestra de la decadencia de la sociedad, han contado con el rechazo de la Iglesia, sobre todo de la católica y de los grupos conservadores del paÃs y acudieron a la Suprema Corte de Justicia de la Nación con la finalidad de que el máximo órgano jurÃdico del paÃs detuviera esta legislación.Â
 Mas la Suprema Corte de Justicia de la nación falló en contra de esta demanda de los grupos católicos y conservadores.
 El máximo órgano jurisdiccional, por mayorÃa de votos, consideró que la Asamblea legislativa del Distrito Federal está facultada para legislar sobre este asunto y que los seres humanos tiene el derecho de manifestar su preferencia sexual, establecer el vÃnculo del matrimonio y adoptar hijos, por lo que son válidos estos actos y tiene vigencia en el Distrito Federal y por efecto, en el interior del paÃs, se entiende que surten efecto bajo la protección legal del gobierno y leyes del Distrito Federal y con esto, por lo menos en nuestro paÃs, deberá aceptarse una nuevo concepto de familia y establecerse una nueva finalidad del matrimonio
Esto no gustó a más del 90% de la población nacional.
Es cierto que estas personas – minúscula minorÃa social – tienen todos los derechos humanos, civiles y sociales, mas por qué deben pesar más y sobreponerse, tener más peso, que la inmensa mayorÃa social.
Por qué en el criterio mayoritario de la Suprema Corte peso no sopesaron más detenidamente que son mayores los perjuicios sociales que los beneficios que se generarán con esta medida.
Aunque acaso no esté en el texto constitucional, la Suprema Corte de Justicia de la Nación está obligada en espÃritu y letra a proteger a la sociedad y evitar su decadencia en aras de una supuesta modernidad, contemporaneidad y/o respeto de derechos de una nanominorÃa. Al menos ese debió ser el espÃritu del constituyente y ese fue el espÃritu del constituyente que la Suprema Corte de los Estados Unidos manifestó al bloquear legislaciones de este tipo y aunque tiene vigencia en algunos estados, el gobierno federal – Suprema Corte y presidencia de los Estados Unidos – la rechaza.
La cuestión de las preferencias sexuales es viejÃsima y siempre estuvo subterránea y en closet; ahora sale a la luz por cuestiones muy diversas a sus derechos, mas, ya en el terreno de los hechos, ¿cuánto puede durar una relación de pareja entre dos personas del mismo sexo, aunque de diferente género, cuyos hijos no son ni biológicos y sà adoptados? ¿Cuánto durará el ano en buen estado fisiológico para recibir, aceptar penetraciones cotidianas? ¿Entre dos mujeres, cuánto les durará el placer proporcionado por los sustitutos mecánicos, de hule u otros materiales?
Visto desde la óptica y percepción real, no más de dos años, acaso tres.
¿Para qué casarse por esto?
En realidad saldrá más caro el caldo que las albóndigas, pero … todo sea en nombre de la modernidad.






















