ESCRITORIO DEL EDITOR.

Estimado (a) lector (a): Usted no está para saberlo ni yo para contarlo, pero cuando el rey de la casa se pone pítimo (hasta las manitas de borracho) tiene dos estrategias al llegar a casa: o llega dando portazos y regañando hasta el perro para no ser él, el regañado, o llega pidiendo perdón con flores y juguetes, apelando a la misericordiosa ingenuidad de su cónyugue.

Ambas estrategias son para distraer la atención y salir al paso a un problema mayor, y al final la abnegada damisela, termina golpeada o encimada, y en cualquiera de los dos casos, el resultado es patético.

Amable lectora y lector, el informe de gobierno es prácticamente lo mismo. Después de una gran borrachera política, económica y social, nuestro pítimo gobierno puede en un arranque de bravuconería, empezar a patear puertas, culpar a los mercados financieros globales, a Obama, a los especuladores, a la izquierda, la derecha, los de arriba, los de abajo, los narcos, los Tigres del Norte y hasta nuestro amado y familiar cardenal, como causa de nuestros males económicos y sociales.

El gobierno golpeador siempre culpará a alguien más de las desavenencias económicas. De hecho, podría decir que es parte de su responsabilidad, pero que al final, la copa de la desgracia, se la pusieron en su mano.

En la segunda opción, el gobierno podría, en un lenguaje dicharachero y optimista, vendernos la esperanza de lo desesperable. Hablarían cual técnico de la Selección Mexicana, de la belleza de Jimena como el inicio del ave fénix económica.

Prometerán como Jorge Bucayn que la vida será bella y que lo único que necesitamos es un entusiasmo rimbombante, tomamos las manos, volteamos al cielo y con el libro del secreto en las manos, pensar que todo va a estar bien y feliz.

Lloraremos de la emoción, nos chorrearemos de la impresión y finalmente amaneceremos con la cruda realidad. No optimista lectora, por ahí no va la movida.

Un informe evalúa lo que se hizo, no lo que se va a hacer. Se evalúa el desempeño de las variables macroeconómicas, el comercio, la inversión y el orden social. Pero si le interesa de veras tener un informe económico, voltee a ver su casa, pregúntese sobre el empleo y vea si le alcana el gasto del día.

Si todo eso sale mal, no pierda su tiempo viendo el informe, a menos que diga lo mismo que usted ve. Al final el borracho es borracho, todo lo demás solamente es distracción.

Moraleja: Señora… si su marido llega borracho en la noche tiene dos opciones: primera, no le abra la puerta, seguramente tampoco la podrá abrir. O segunda, invite a dormir a su mamá a casa, y verá que al otro día, la cruda será doble.
Es socióloga y periodista económica.