SIN MAQUILLAJE … MAQUIAVELO, HOY Por Etelberto Cruz Loeza.

En forma triunfalista se  sigue hablando de las recientes alianzas entre  el grupo que   que dirige al PAN – supuestamente de la Derecha -,  y al PRD – dizque de la Izquierda -, para intentar impedir que el partido revolucionario institucional ganara en los 13 estados en los que se realizaron elecciones el pasado 4 de julio.

Para dorar la píldora a la opinión pública, a los cuatro vientos   se dijo  que con las alianzas se evitaría la continuidad, y autoritarismo,  de los malos gobiernos y, eran, muestra del avance de la democracia. Todo eso es una real y  completa mentira. En verdad, al no tener vigencia los pilares ideológicos y principios partidistas, lo que se fomenta es la ambición y  el oportunismo  político y esa es lo que mostró y las  distinguió: conquistar el fin, sin importar los medios. Adiós  a la Ética,  a los principios y a los escrúpulos.

Al estructurar las coaliciones únicamente se tomaron en cuenta las posiciones de la dirigencia de los partidos, jamás se consultó a la militancia, sino que fue un acto de vertical autoridad de los líderes de esas dos organizaciones y del grupo que propició las alianzas=coaliciones. Lo más grave, en términos de la democracia,  es que al decidir sobre las alianzas también determinaron quién sería el candidato. En esta toma de decisión la democracia pasó a segundo término, prevaleció el pragmatismo y el oportunismo.

Se está viendo la falta de consistencia de los partidos políticos; pareciera que la tendencia generalizada es que si alguien no consigue la candidatura en un partido, lo práctico, lo utilitario, es correr a otro u otros partidos y ofrecer sus servicios, su capital político. Esta es la práctica más socorrida en la clase política y tiene su fundamento: Los partidos políticos  tienen el monopolio de las candidaturas, del ascenso al poder, que les concede la Constitución. La verdad es que los partidos políticos ya dejaron de ser instituto políticos y se convirtieron en agencias de colocaciones, más cínicas que en el pasado reciente. Además se está viviendo la pérdida de credibilidad de los partidos  y de la política en general, cuando se rompen las barreras de las ideologías, y de la Ética política, y se llega al punto de hacer obsoleto el sistema de partidos.
Recientemente en la ciudad de la Piedad, en el Bajío michoacano, se rindió homenaje póstumo a Don Humberto Romero Pérez;  la oradora oficial fue la señora Beatriz Pagés Rebollar y trató este asunto – la fidelidad en los partidos, y la clase política – con precisión y claridad:

…”Humberto Romero publicó semanas antes de su muerte un libro titulado Los Dos Adolfos.  … el contenido anecdótico del mismo es una prueba innegable de que concibió la política como un ejercicio de lealtad. Pudo, como muchos lo han hecho, como muchos lo hacen, haber utilizado la posición privilegiada que  siempre tuvo a lado de dos Presidentes de México, para revelar secretos de poder…50 años después de haber dejado la Secretaría Particular de la Presidencia de la República pudo haber escrito un Best Seller y no lo hizo. Pudo haber desclasificado documentos, hacer revelaciones, crear escándalos para reafirmar la leyenda de haber sido un hombre poderoso y no lo hizo…No lo hizo porque para Humberto Romero no había y no debía haber política sin principios…Formó parte de una época en la que la honorabilidad de un político se medía en función de la fidelidad que guardaba a los principios fundamentales de su partido. Una época, por cierto, contraria a ésta, en la que las ideologías han sido traicionadas por sus mismos militantes…En la que la ambición y el pragmatismo han desembocado en un vergonzoso circo maromero, en un juego de saltimbanquis donde se ve a los partidos despojarse de sus convicciones con la misma facilidad que un comediante cambia de vestuario. Presenciamos cómo, en ese teatro de vodevil, la Izquierda salta a la derecha; la derecha renuncia a su tradición humanista y el centro elige como eje la simulación, la ambigüedad y el oportunismo.

Y ahí está,  la ciudadanía, inmersa en una desorientación nunca vista, donde todo se confunde, votando por inercia, sin parámetros y sin pasión democrática. Decepcionada de la política, de los políticos y expuesta, por consecuencia, a ser rehén del crimen organizado…Romero Pérez, fue testigo de esa descomposición política, ideológica, ética y moral.

Como priísta criticó de cara a su partido la traición al legado de la Independencia, al ideario de la Revolución, a las Leyes de Reforma. Criticó esa traición, no por ser un ridículo anticuado, como hoy se acostumbra llamar a quienes se atreven a tener identidad nacional – sino porque consideraba que cuando la política se practica apoyada en la mera brutalidad de la ambición, se llega a escenarios selváticos donde la lucha por el poder se vuelve descarnada…Consideraba que la política era la vida misma y que no podía estar circunscrita a sectas, facciones, partidos o fanatismo”.

Pragmatismo, utilitarismo, maquiavelismo puro: El poder, por el poder mismo, sin importar los medios, solo el fin.

Además, Beatriz Pagés Rebollar cita juicios de Don Humberto Romero Pérez para exponer claramente el  perfil de nuestra cultura, la característica de nuestra sociedad contemporánea, el gran salto al vacío que estamos dando los mexicanos: “Nadie puede defender lo que no quiere. A los mexicanos nos prohibieron utilizar la palabra Patria, nos dijeron que la soberanía ya no existía, nos arrebataron los héroes, apagaron las notas del himno para que dejáramos de ser nacionalistas, nos obligaron a avergonzarnos de nuestras tradiciones, a  olvidar nuestro idioma, nuestros colores, nuestros sabores y hoy tenemos el alma vacía. Vacío que ocupa la cultura de la violencia y contra la que no hay nada, excepto la justicia social, los valores, la legalidad, la reconstrucción de las instituciones. Nos han obligado … a dejar de querer a México”. (Que Nicolás Maquiavelo recomienda como formas de dominación colonización y ejercicio de poder, que es lo que, finalmente, cuenta). 
¿Pueden desmentirlos?