SIN MAQUILLAJE Por Etelberto Cruz Loeza.

El gobierno de la República, la administración federal, la presidencia de la República, el grupo en el poder del poder Ejecutivo Federal tiene una política pública económica contra el pueblo: sabe que estamos dentro de una crisis económica sumamente persistente que desde 1982 no hemos podido salir de ella, si es cierta, porque puede ser nada más manejada para asustar y aceptar a regañadientes todas las medidas de austeridad y de no inversión en lo sustantivo; que está en el horizonte una amenaza de crisis alimentaria, agravada por una anunciada desaceleración de la economía del petróleo y con todos los escenarios en contra no hace para evitar la continuidad y profundización de la crisis y/o la solución a los conflictos que la sociedad nacional vive.

 Muy en contra de todo esto, invariablemente, continúa con su política económica en contra del pueblo: aumentos tras aumento y su correspondiente crecimiento de la planta laboral; préstamos del extranjero y más incrementos de deuda interna y  en contraparte, aumento a salarios, prestaciones y servicios para la alta burocracia. Así no es posible.

 La administración federal, todos los días,  está pagando su cuenta corriente, con deuda pública interna – prestado, pues -,  700 millones de pesos; tiene  un superávit excedente por ingresos de venta del petróleo, superior al 15% del precio autorizado, y presupuestado por el H. Congreso de la Unión del precio internacional del barril   de petróleo de la mezcla mexicana y aun así está incrementando los impuestos vía precio de combustibles.

 ¿Qué es lo que está pasando?

 Lo que está sucediendo es que el gobierno – en sus tres niveles (Federación, estados y municipios)  y  en sus tres poderes (Ejecutivo, Judicial y Legislativo)  es un gobierno muy rico sostenido por un pueblo pobre.

 Y esa contradicción, esa paradoja, es antinatural, porque el gobierno, cualquiera que sea su origen, debe ser un gobierno con capacidad de respuesta y de atención a las demandas de su sociedad; si esa riqueza que el gobierno tiene, y atesora, no se refleja en servicios para su sociedad, los líderes sociales están equivocados en  la concepción de sus políticas públicas y en su operación y práctica.

Esa situación no debe ser,  ni continuar,  ni repetirse. El gobierno, si quiere conservar el poder debe tener una reorientación: más dispuesto a enriquecer al pueblo y menos dispuesto a enriquecerse.

En otras palabras, más pueblo y menos gobierno.