Lectura polÃtica del informe presidencial.
Por Manuel Espino
Las numeralias y la propaganda del antepenúltimo informe presidencial de Felipe Calderón nada nos dirÃan sin una interpretación de la realidad polÃtica que hoy vive México. Es digno de reconocimiento el esfuerzo que se ha hecho en cada ámbito del Ejecutivo.
Sin embargo, seguramente no se alcanzaron resultados favorables en todas las áreas porque muchos operadores han privilegiado la confrontación: hoy alianzas y rupturas trazan la ruta crÃtica por la que avanza el gobierno federal, con la sucesión como prioridad que define sus acciones.
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El informe evidenció un Estado no fallido, sino roto, dividido, fragmentado en pequeñas islas de poder, cada una con objetivos distintos y contradictorios. Y aquà la precisión es indispensable: me refiero al Estado, no al gobierno federal.
En sentido negativo, el informe evidenció que asà como la unión hace la fuerza, en la división yace la debilidad del Estado mexicano. Divididos enfrentamos la pobreza, divididos enfrentamos el desempleo, divididos libramos una guerra. Y asà nos va.
Recordemos tan sólo los objetivos generales del decálogo que hace un año planteó nuestro presidente: frenar el crecimiento de la pobreza; alcanzar cobertura universal de salud; alcanzar una educación de calidad; lograr reformas en las finanzas públicas, la economÃa, las telecomunicaciones, en el sector energético, en lo laboral, en el marco regulatorio y en lo polÃtico; asà como profundizar y ampliar la lucha contra el crimen organizado.
Ninguno de los objetivos del decálogo pueden ser alcanzados por la acción aislada del gobierno, su envergadura requiere la colaboración del Estado en su conjunto.
¿Cuáles de esos objetivos se han alcanzado? ¿En cuáles siquiera se ha avanzado satisfactoriamente? Si atendemos al informe presentado el jueves 2 de septiembre, avanzamos con pasos de gigante por el camino del éxito. Si atendemos, por el contrario, al entorno en el que vivimos no podemos sino lamentar lo mal informado que se encuentra el presidente: desgraciadamente, el discurso choca con la realidad; las certeras palabras del presidente son lastradas por la falta de credibilidad.
El fruto del conflicto
La raquÃtica cosecha presentada en este informe tiene como causa primordial haber hecho de la confrontación la principal estrategia no del presidente, pero sà del calderonismo. El último año ha sido marcado por los ataques muchas veces lanzados por algunos de los principales colaboradores presidenciales, quienes han terminado por aislarlo del resto de los actores polÃticos.
La manera en la que varios calderonistas, incluyendo a los que están fuera del gobierno, se condujeron durante las elecciones, provocó que prácticamente se paralizaran las relaciones entre los poderes Ejecutivo y Legislativo. Hay actores polÃticos de indudable relevancia que se sienten heridos, traicionados, engañados de la manera más burda por quienes se presumen como enviados y negociadores presidenciales.
De igual manera, las relaciones del gobierno federal con organismos autónomos como el Instituto Federal Electoral (IFE) y la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) están sumamente lastimadas. También están rotos los lazos con organismos empresariales, sindicatos, alcaldes y gobernadores. Incluso muchos periodistas se sienten agraviados por la mostrada y demostrada incapacidad del gobierno para protegerlos de la violencia criminal.
Y la culpa no es del presidente, sino de los embates que lanzan algunos de sus colaboradores. Por escoger sólo dos ejemplos, de los cientos que hay, ¿qué puede hacer él si un calderonista lanza expresiones como “tontas útiles†a la comisiones defensoras de los derechos humanos o firma pactos polÃticos vergonzantes que dejan a su administración sin el apoyo del PRI?
Por todo ello, en este corte de año polÃtico, la pregunta no es quién está contra el presidente, la pregunta es: aparte del gobierno federal y de un sector de su partido, ¿qué otra fuerza polÃtica está con Felipe Calderón? Lamentablemente, ninguna.
Unidad nacional
Bien dijo el presidente, en la recta final del mensaje que dio en Palacio Nacional, que “sólo unidos prosperamos, ésa es la gran lección de nuestra historiaâ€. Bien hizo, también, en hacer un enérgico llamado a la unidad, en convocar a las fuerzas polÃticas a generar acuerdos, en recordar que “la nación nos demanda a todos la grandeza necesaria para superar desacuerdosâ€.
De la misma manera, bien harÃa en tomarnos la palabra a todos quienes queremos apoyarlo desde fuera de su gobierno, quienes queremos impulsar su proyecto no con sumisión, sino con la fuerza de la verdad, informándole de lo que realmente pasa en el paÃs al que busca servir. Tiene razón, señor Presidente, unidos prosperaremos.
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