ESCRITORIO DEL EDITOR.
Para México, 1810 y 1910 son fechas memorables por todos los mexicanos conocidas y que en los momentos actuales son causa de una polémica prácticamente generalizada en la que se debate si se festejan o no y el cómo en el caso de la respuesta afirmativa.
En esta polémica entran todos y, uno de todos, empresario distinguido, ha hecho circular una carta dando su razonamiento para realizar la celebración. Su nombre es Alfredo, quien está considerado dentro de los hombres más ricos del paÃs, quien ocupa, indica Forbes, el número 701 entre los más ricos del mundo y esta condición es más que singular, misma que lo induce a celebrar el bicentenario de la Independencia asà como los cien años de consumada la Revolución Mexicana.
Indiscutiblemente que las condiciones del paÃs lo hicieron un triunfador, pues en razón de la quiebra de la Banca Nacional en 1992 y su buena óptica empresarial y comercial, lo llevaron a concursar en la licitación realizada por el gobierno de México y adquirió, a pareció de regalo, El Banco Nacional de México, mismo que transfirió en 12 mil millones de dólares a Citigroup. Ahora, según sus biógrafos, dispone de tiempo para diariamente dedicarse a la FilantropÃa. Con esas cualidades, es claro que tiene razones de pe$o para celebrar y brindar con los mejores vinos del mundo.
Pero, las decenas de millones de desempleados que existen en el paÃs ¿tendrán, no razones sino buen humor para celebrar tan faustos (no fatuos) acontecimientos? Realmente los familiares de los casi 30 mil muertos por efecto de una guerra que dicen no existe, estarán comprometidos siquiera a hondear las banderitas tricolores en la oscuridad de sus miedos y su coraje?
Dice Harp Helú que “Los mexicanos tenemos miles de razones para festejar el bicentenario de la Independencia y el centenario de la Revolución. Sinceramente, no se trata de lanzar fuegos pirotécnicos al aire en una noche estrellada o lluviosa, sino participar activamente en la transformación del paÃs que todos deseamosâ€.
Y ¿cómo podrán los millones de miserables participar activamente en la transformación del paÃs, cuando personalmente buscan angustiados el pan nuestro de cada dÃa y con mucha frecuencia a veces sin encontrarlo, pues el mÃsero salario diario no alcanza para maldita la cosa?
Comenta que “No hay como llegar a casa, sentir el olor a comida recién hecha y que te reciban con un plato de sopa caldosa. Que llame tu cuate sólo para preguntarte cómo te sientes… †y, olvida o no conoce, que hay cientos de miles de casuchas donde no existe la sopa caldosa y cuando de repente la hay, ésta está frÃa.
“Para quienes comparten mi sentir, afirma†el paÃs más bello del mundo es México y tenemos razón: Taxco merece una visita apasionada; el asombro se encuentra en las momias de Guanajuato; las ballenas grises de Baja California nos hacen sentir pequeños; el color rojo más intenso está en el brillo de la Sierra Tarahumara; el Mar de Cortés es realmente el acuario del mundo; las preguntas comienzan ante una cabeza Olmeca de Tabasco y Veracruz; una vista aérea de la Mixteca parece un cuadro de Francisco Toledo; de norte a sur florecen poetasâ€
Efectivamente, es hermoso nuestro México y serÃa más si efectivamente todos pudieran observar el Sol en el mar verdejo y el ir venir de las ballenas. SerÃa fabuloso que todos pudieran viajar en el Ferrocarril Chihuahua PacÃfico (al meno asà se llamaba antes de la venta de garaje)y visitar la Sierra Tarahumara, o sobrevolar, manque fuera en avioneta, los volcanes del Ixta y del Popo. Pero, cómo lo podemos hacer, si millones de mexicanos están, ciertamente, como las momias de Guanajuato: ¡muertos en vida!
Afortunadamente para pocos, la suma de miles de millones de pesos, nos hacen ver las maravillas de un paÃs que a pesar de la expoliación del mismo por unos cuantos, sigue siendo maravilloso, pero que no da para celebraciones con gobiernos lamentablemente corruptos e ineptos.
























