SIN MAQUILLAJE Por Etelberto Cruz Loeza.
EN ESTE 2010 NO HABRà NI DEBE HABERLA, OTRA REVOLIUCIÓN EN MÉXICO, LOS COSTOS SERÃAN ALTÃSMOS Y RETRASARÃA LARGAS DÉCADAS EL DESARROLLO NACIONAL. EN LOS HECHOS, LA LECTURA ES MUY SIMPLE: CADA CIEN AÑOS OCURRE UNA GUERRA CIVIL, DE IBNDEPENDENCIA, DE REVOLUVIÓN Y, AHORA, DEL NARCOâ€. SERGIO RAÚL PÉREZ.
“ROMA NO SE CONSTRUYÓ EN UN DÃAâ€. ANÓNIMO. ( O DESCONOZCO QUIÉN LO DIJO, PERO ES CIERTO)
Ciertamente, todos tenemos algo qué celebrar y cuando se trata de naciones, ¡con mayor razón! Y Más cuando se gastarán cerca de 3 mil millones de pesos en los actos y obras que festejarán el Bicentenario del inicio de la Independencia y el Centenario del inicio, también, de la Revolución: en total según el Catálogo Nacional de Proyectos para las Conmemoraciones del 2010 del gobierno federal, son 2, 428 proyectos; los estados con más actos dentro del Catálogo son Guanajuato, con 260 – con costo de mil 200 millones de pesos se construyó Expo Bicentenario Guanajuato y la polémica estatua de la Victoria alada costó 40 millones de pesos -, y estado de México, 210, entre foros, seminarios, conferencias, publicaciones, conciertos, torneos, ferias, desfiles, remodelaciones y grandes construcciones. Asà que todos a festejar que desde hace 200 años intentamos ser libres, soberanos e independientes. ¿Y Por qué se festeja el inicio y no el fin o término?
Levante su vaso hecho en China, encienda su televisor, hecho, también en China y con todo vigor ondee nuestro lienzo tricolor, manufacturado o en China o en Malasia o en Singapur o en Corea del Sur y disfrute nuestros platillos tÃpicos servidos en vajilla china, japonesa y póngase su ropa hecha cortada y maquilada en el extranjero; es más, hasta es muy posible que el pozole, que la carne de su tacos, o que el chile de sus enchiladas, la grasa o mantequilla o aceite con los preparan y la harina de sus tamales o buñuelos o atole, o la Jamaica, la horchata, el tamarindo, la sandÃa, el mango o el melón, sean importados porque para los comerciantes nacionales, tan patriotas, sale mucho más barato, y productivo, comprar, importar y distribuir inmensurables volúmenes de alimentos de todo tipo, desde los más simples y elementales y necesarios para la diaria subsistencia, como la leche en polvo, vegetales, frutas, carnes de todo tipo (rojas, de pluma, de escama) hasta los más sofisticados y frÃvolos que usted se pueda imaginar. Asà de simple es la mentira: es más caro comprar lo que el paÃs produce, lo que el estado produce, que los productos importados. Aunque usted vea todos los campos sembrados, todas las plantas industriales trabajando a todo vapor, o usan materia prima extranjera o su producción se exportará y nada más la llamada “pachanga†se venderá en el mercado nacional. Le pondré un ejemplo: el aguacate. Estaba, tres y hasta cuatro veces más barato, cuando no se exportaba que ahora, cuyo precio anda entre los 25 pesos, con continua tendencia a subir hasta los 45 pesos … asÃ, ¿quién comerá aguacate?.
A casi 200 años de tratar de ser libres, independientes y soberanos, tal vez la sociedad del paÃs sea más libres, más soberana – la sociedad nacional, que quede claro -, pero esas condiciones ¿qué beneficios nos han dejado? ¿Qué efecto positivo nos ha dejado el laicismo que defendió y consolidó Benito Juárez si para las autoridades polÃticas, supuestos lÃderes sociales, eso ni les interesa ni les importa – y para muestras están las instituciones educativas particulares y las prácticas cotidianas de la Iglesia Católica Mexicana - y para varios dignatarios, y potestades, católicas apostólicas Romanas, rito mexicano, eso es una jalada, una soberana mamada?
La Revolución Mexicana, después de la pacificación del paÃs, se encaminó hacia la construcción de las instituciones del Estado que ahora es nuestro paÃs y dio la forma y matiz de nuestra piel que muestra la sociedad nacional, pero fue una revolución inconclusa. Quienes hayan sido, por el poder que tenÃa, por presión, por miopÃa, presbicia o daltonismo o glaucoma, ceguera, o torpeza polÃtico social o por estupidez social,  lo que haya sido, no le permitieron a la Revolución que terminara su trabajo. ¡Y aquà estamos!
Ninguna revolución, ningún movimiento social, a lo largo de su historia, en ningún paÃs, en ninguna parte, produce resultados inmediatos, en cincuenta años, cien años; esos cambios son estructurales, generacionales.
Nuestros gobiernos, sobre todo los tenidos y sufridos en los últimos treinta años, nos han manipulado como han querido y conducido al paÃs hasta llevarlo al voladero, como está ahorita: 50 millones de mexicanos entre miserables y pobres, bajÃsimo ahorro interno – y ahora a ese mÃnimo ahorro y raquÃtica ganancia - le ordeñarán el 30% para el Estado, con déficit estructural de 850 mil empleos laborales anuales sin generar, con bajÃsimo presupuesto a la educación, salud y bienestar, casi nula inversión en el hombre – que es contraria a la recomendación de todas las instituciones financieras multilaterales para combatir las crisis -; con inequitativa distribución de la riqueza - mucho más a los más pocos, que tienen de todo y mucho menos a los que más necesitan y carecen de casi todo, si no es que de todo -; con los 3 poderes de la Unión concertados para exprimir a la Clase Media y favorecer una concentración de no más de 100 familias: malÃsima distribución de la riqueza. Con grandes niveles de inseguridad y violencia, corrupción e impunidad; con bajÃsimo nivel cultural, bajÃsimo promedio de escolaridad, con muchas obras suntuarias, pero que el pobre no puede disfrutar porque no tiene dinero, ni auto, ni … Somos un pueblo que no aprendemos de nuestra historia y por ese simple hecho estamos condenados a tropezarnos con la misma piedra: el precipicio social.
El paÃs no ha crecido lo suficiente. Una nación no puede inventarse cada seis, doce o dieciocho años; los procesos de formación de un paÃs requieren de muchos años de maduración para rendir frutos y demostrar su eficacia. Se acerca el momento en que decidiremos qué forma de gobierno queremos darnos como sociedad y como nación. Por los resultados sociales está visto que este modelo social y económico no ha llevado, ni al paÃs, ni a la inmensa mayorÃa de la sociedad, ni al primer mundo, ni al subdesarrollo, sino a la emergencia: somos un gobierno fallido de un paÃs emergente. Debemos cambiar de rumbo, de orientación y darle oportunidad a la Revolución para que termine su trabajo, interrumpido, que inició hace cien años.






















