SIN MAQUILLAJE Por Etelberto Cruz Loeza.

Hoy por la noche el mito nacional mostrará que sigue vivo y, puntuales, los titulares del poder Ejecutivo  en el país -  en sus tres niveles de gobierno – ondearán uno de los  símbolos nacionales – la Bandera -    y convocarán a todos los mexicanos, sin distinción alguna  recordar a nuestros pro hombres que al costo de su propia vida, nos dieron Patria, Libertad  e Independencia y hará sonar la mítica campana del curato de Dolores, Guanajuato y las arengas saldrán del cuerpo y del alma de todos los mexicanos, estén en donde estén y nos harán vibrar de orgullo de ser mexicanos.

A doscientos años de ese momento, la antigua Nueva España es sumamente diferente, aunque seguimos padeciendo casi los mismos problemas, pero acaso, y lo discutiremos, ese sea el precio de la libertad, de la soberanía y de la independencia. Mas si es así, poco valor tiene todo lo que se ha sufrido si seguimos, estadísticamente y en condición de sobrevivencia económica y situación social,  iguales o con diferencias muy insignificantes.

A doscientos años del inicio de la Independencia, nadie duda que somos libres, que el texto constitucional lo establece como una de nuestras garantías individuales, y uno de nuestros derechos humanos, además; que como  individuos somos soberanos y decidimos la forma de gobierno que deseamos; y como nación somos Soberanos y dueños de todas las materias primas en la superficie y en el subsuelo y de los mares a 200 kilómetros mar adentro; el valor de los ciudadanos se ha hecho valer y las máximas instituciones jurídicas y democráticas están dirigidas por ciudadanos; tenemos Libertad y sin violar los derechos de terceros,  sujetos a normas, podemos hacer y deshacer con nuestra libertad y dentro del territorio nacional podemos transitar por donde se nos dé la gana. Entonces, ¿Por qué estamos como estamos?

Habrá, seguramente, varias respuestas, muy diversas, por la experiencia, la formación académica,  el matiz político, los compromisos, la cultura, la ideología, pero sea la que sea, no puede evitar su responsabilidad en la cruel situación actual de nuestro país, y su sociedad.

Todos, los que vivimos ahora y los que murieron en el desarrollo de nuestra vida  como nación y sociedad, desde la época precortesiana, pasando por las etapas de nuestra Historia – independencia, reforma y revolución – han, fueron y somos responsables de la conformación del país  y todos hemos contribuido al desastre y catástrofe actual, pero más los representantes populares  por hacer lo que hacen sin  escrúpulo alguno, sin ética, sin visión nacionalista,  y sí personalísima  y, nosotros, los ciudadanos, por dejarlos hacer y deshacer de la patria y de sus recursos naturales.

En eta noche que canta la rana – como lo dijo el poeta de la Suave Patria – debemos reflexionar sobre nosotros y sobre nuestra nación y decidir si queremos seguir como estamos o cambiar para mejorar.

Por lo pronto … ¡Viva México! ¿Vivan los héroes que nos dieron patria, independencia y libertad!