SIN MAQUILLAJE…ETELBERTO CRUZ LOEZA
La transición a la televisión digital volvió a estar en la escena nacional con el decreto presidencial que estableció como fecha para el apagón analógico el 31 de diciembre de 2015. En esta fecha – en principio – los televidentes necesitaremos de un televisor digital o de instalar un convertidor catalÃtico en cada una de nuestras televisiones – analógicas – para poder tener servicio de televisión y captar los canales de la llamada televisión abierta – si usted tiene servicio de cable – por el formato o compañÃa que sea, ahora lo necesitará a fuerzas, obligadamente -. Para que se pueda adquirir este nuevo servicio la presidencia de la República fijó un súper presupuesto multimillonario como subsidio a las familias que cambien cada televisor y, además, señaló que con este tipo de servicio televisivo, el paÃs serÃa más democrático.
 Ahora bien, vayamos por partes: ¿por qué señor presidente hace esto? El hecho de que haya en cada uno de los hogares televisión, abierta, por cable, por satélite, por … la modalidad que sea, es una decisión personal, familiar, incluso, determinada, entre otras cosas, por la disponibilidad económica, individual o familiar; se está orillando a las familias a invertir en un tipo de aparato que encarecerá todos los servicios y equipos, porque habrá la obligatoriedad para hacerlo.
¿Qué necesidad existe para hacerlo?
¿Esos miles de millones de pesos que la administración calderonista presupuestó para la transferencia de una modalidad televisiva a otra, no son más útiles, necesarios, en otro sector de la vida nacional, digamos, hospitales, escuelas, presupuesto a educación pública, a las universidades, becas, medicinas, carreteras federales, a la cultura, a la investigación, etc., etc.?
Por otro lado, eso no nos hará ni más ni menos plurales. La pluralidad en nuestro paÃs no se genera, ni se iniciará o continuará con la televisión digital. La existencia de mayor número de canales para que la población pueda seleccionar el de su agrado en nada garantiza la pluralidad y se corre el riesgo de que sea igual: el control por el duopolio de las televisoras que se podrÃa ampliar y transformarse en oligopolio, a ejercer por los dueños y/o las compañÃa de cable, que tienden a concentrarse en dos o tres grandes corporativos de televisión por cable, como Megacable.
Tampoco habrá mayor competencia. Esta se logrará con la apertura de nuevas concesiones y permisos de radiodifusión a otras personas, ajenas al duopolio de TV Azteca y Televisa; el decreto jamás manifiesta que esto se vaya a realizar. Sólo rodena a la COFETEL determinar la viabilidad de asignar nuevas concesiones y permisos. Si hubiera compromiso del presidente Calderón con la competencia, hubiera establecido en un transitorio que la COFETEL convocarÃa a licitaciones en un plazo que no excediera, digamos de 60 o 90 dÃas. ¿Por qué no lo hizo? Â
Si en vez de TV digital habláramos del despliegue de redes de Banda Ancha estilo Corea, entonces estarÃamos viendo verdadera voluntad de contribuir al desarrollo de los mexicanos y de la democracia. Pero no es el caso. La TV digital sà es importante, pero no de la trascendencia de las redes de banda Ancha, porque un paÃs que apuesta a la TV digital y que subsidiará equipos en lugar de proveer redes de Banda Ancha a la población, es como aquel gobierno que da al pueblo pan y circo. Por el contrario la Banda Ancha potenciarÃa la educación, la salud, y la autonomÃa de los mexicanos.
Finalmente, ¿para quién será el negocio? ¿O para familiares, o para amigos, o para simpatizantes o para compromisos polÃticos?






















