SIN MAQUILLAJE …ETELBERTO CRUZ LOEZA

Pasó la artificial efervescencia creada por la administración federal en torno a las fechas patrióticas del mes de septiembre y en un entorno seriamente difícil, todos los protagonistas -  las principales fuerzas político-partidista y sus actores, incluyendo a los ex presidentes Carlos Salinas de Gortari y Vicente Fox – se dicen listos para guardar las hachas de guerra y fumar la pipa de la paz ofreciendo una tregua para  reordenar al país.

 El saldo blanco que se registró en todo el país – tanto en el Distrito Federal como en todas las capitales de los estados  – durante los actos conmemorativos del CC aniversario del inicio de la lucha por nuestra independencia es la mejor noticia que se tuvo en el país y es una muestra de que la sociedad nacional busca la tranquilidad y la paz y está puesta para actuar en ese sentido. Eso habla de que las instituciones en México están respaldadas por la sociedad nacional y con ese respaldo se pueden superar todo tipo de amenazas, reales o ficticias y las campañas de miedo y que nosotros, los mexicanos, fortalecieron, fortalecimos el espíritu cívico y la esencia  nuestra nacionalidad en la paz, y en paz: nuestra común Historia, objetivos y destino.

 Se debe advertir que pese a haber transcurrido 200 años de independencia, aun están presentes  grandes desequilibrios, desigual desarrollo económico, inequitativa distribución del ingreso y desigual distribución, y concentración, de la riqueza y hasta polarización política. Pero no todo es malo: está probada la madurez de un pueblo, su entrega y espíritu de lucha, así como sus instituciones para transitar, en la democracia, hacia mejores niveles de desarrollo y de calidad  vida.

 Por esto es especialmente importante la disposición de los gobernantes para privilegiar el diálogo y lograr los acuerdos que contribuyan a enfrentar y resolver los nuevos desafíos.

 Las palabras de Porfirio Muñozledo son claras y precisas: Se conmemora un ciclo histórico y un hecho fundacional; llamo a los partidos a iniciar un proceso constituyente en la búsqueda de una nueva República. Impulsemos resueltamente un proceso constituyente; la Nueva República, la cuarta de nuestra historia, es la única misión consecuente con los fastos heroicos que celebramos, con el grito de nuestros insomnios y la esperanza de nuestros amaneceres. Todas las naciones invocan un sueño original; el nuestro se resume en la redención de los oprimidos, la moderación de los poderosos, el combate a los abusivos, el imperio de las leyes y la creación de un espacio propio para desarrollarnos en la medida de nuestra imaginación, determinación y grandeza.

 A  estos supremos ideales de la Patria, de la sociedad,  se interponen los intereses de grupos económicos – factores reales o artificiales de poder – y políticos, de poder, de partidos y de sus cúpulas y es muy posible que estos deseos, y necesidades sociales,  queden como muestra virtual de buena voluntad.Â